Fútbol con la inocencia de los niños
Este periódico, como tantos otros, tenía la costumbre de llevar una inocentada tal día como hoy, acorde a una vieja tradición. Hoy no lo hacemos. Lean ustedes tranquilos de arriba abajo, que no hay broma oculta ninguna. Un poquito porque había gente que se nos quejaba, que se sentía mal al descubrirse embromada. Y otro poco porque en fechas como éstas han ocurrido tales cosas (como el fichaje de Benito Floro para gestionar el Madrid galáctico o esta última de que Lass o Huntelaar, uno de los dos, no podrá ser inscrito en la Champions) que ya no hay barbaridad que nos parezca irreal.
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Así que hemos preferido sumarnos a la singularidad del día presentándonos tal como éramos tantos años atrás, cuando vivíamos en la inocencia, en el delicioso país de Nunca Jamás. Y lo hacemos porque es así como queremos sentir el deporte, como un mundo mágico de héroes y victorias, donde las trampas y los malos salen siempre derrotados, igual que el Capitán Garfio ante Peter Pan. Sabemos que hay chanchullos, y se los contamos, pero vivimos de la ilusión de que el deporte es sobre todo lo contrario: nobleza, superación, magia, ejemplo. Sentirlo así es lo que nos hace tan grato este trabajo.
Y nos presentamos como niños también en homenaje a esos que desde hoy inician en Gran Canaria el campeonato Alevín de Fútbol 7, esa maravilla, ya un clásico de verano y de invierno, que mantiene vivo con su esfuerzo otro niño crecido, mi amigo José Ramón de la Morena, al que la vida ha dado poder y sabe utilizarlo para bien. Fútbol limpio y puro, sin codazos que abren cabezas o rompen narices, sin penaltis fingidos, sin acosos al árbitro. Fútbol jugado desde la nobleza y la inocencia, como fue concebido. Fútbol de niños para disfrute de todos nosotros, niños también cuando les vemos.




