Entrenadores españoles por el mundo
Crecí como aficionado al fútbol en tiempos de un profundo complejo con respecto a los entrenadores. Se daba por sentado que todos los de fuera eran mejores, en especial desde que Miguel Muñoz, que administró el 'distefanismo ' tardío y resistió en el Madrid trece años con resultados más que aceptables, acabó por caer. Entonces se dio paso a un periodo loco en el que valía todo con tal de que no fuese de aquí. Llegó cada caradura de espanto. Con frecuencia he escuchado a futbolistas de aquellos años relatos sobre las extravagancias de tipos que no podían exhibir más título que el de haber nacido fuera.
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Años de embaucadores, que hicieron bueno lo que me llegó a decir una vez un jugador de la época. "Cada entrenador que he tenido me ha quitado diez o doce puntos por año. Claro, que a veces pienso que los de enfrente tenían al mando un caradura igual, y eso equilibraba el sistema". Recuerdo de aquellos años el 'central system', la táctica del embudo, la doble perforante por la izquierda y hasta uno que hacía aprender a los jugadores del Sevilla la diferencia entre capiteles dóricos, jónicos y corintios, propósito noble pero difícil de concertar con el objetivo básico que se le encomendaba.
Creo que el estilo cachazudo de Molowny primero, y Del Bosque, después, fueron espantando aquella moda. De esa escuela salió Benítez, cuya Champions con el Liverpool coronó aquel esfuerzo y premió a una generación de técnicos que remó contra corriente. Finalmente, Luis, con su obra maestra en la Eurocopa, ha terminado por engrandecer el cartel del técnico español, que por fin ha sacudido las sospechas absurdas que heredaba de aquellos remotos años de aislamiento y posguerra, y triunfa por todas partes. Y me alegro, porque eso era algo que el fútbol debía a nuestros técnicos.




