Guti, el James Dean del fútbol español

Guti, el James Dean del fútbol español

Pese a su aspecto (y conducta) de eterno adolescente, Guti ya suma medio millar de partidos con el Real Madrid. No es cualquier cosa. Tantos años, tantos partidos en la élite del deporte más disputado y discutido, no son cosa que consiga cualquiera, ni que se consiga sin dificultad. Y sin embargo, el hombre que hoy alcanza esa cantidad no es valorado precisamente por su constancia. Ha creado dudas en casi todos sus entrenadores y en casi todos los aficionados. Si ha salido adelante ha sido por su tremendo talento, que se ha impuesto a todas las dificultades que ha ido encontrando con el tiempo.

Muchas se las ha creado él a sí mismo, por su carácter de tendencia díscola, su condición de rebelde sin causa. Es una inclinación muy extendida entre los perfeccionistas y peor comprendida en el fútbol que en otras actividades. El fútbol tiene unas raíces un poquito castrenses (es la prolongación de la guerra por otros medios, decía medio en broma medio en serio Ramón Mendoza) y tolera mal las actitudes que se salen de la norma. Las actitudes y hasta los aspectos. Guti (como Cañizares y en algún momento Torres) ha atraído sospechas sobre sí también por eso: por su aliño capilar.

Hubo temporadas en que tras asentarse en el equipo se fichó justo a quien podía ocupar la función en la que él había triunfado, una especie de fatalismo del que no sé cómo sobrevivió. O sí lo sé: por pura calidad. Porque es buenísimo, y a última hora siempre convenía mantenerle en la plantilla, para que entre desdenes y apagones filtrara pases de gol que nadie podía ni puede sustituir. Ahora hace tiempo que por fin es titular. Se ha perdido cosas (tres finales de Champions, la Eurocopa) por la forma en que ha estado en el fútbol, pero quedará para la historia como un grande. Y como un grande singular.