Los buenos siempre son bienvenidos

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Lo tengo que confesar. Cuando se concretó la llegada masiva de jugadores holandeses al Madrid me dije a mí mismo (y en público también) la reflexión clásica de todo seguidor del fútbol español. "¿Holandeses aquí? No lo veo, este pasaporte abre la puerta grande del Camp Nou, no la del estadio Santiago Bernabéu". Cuestión de cultura. El fútbol es un mundillo muy tradicional y ya hasta la gente joven se puede sentir molesta por este tiempo de cambios. Sin embargo, ¿dónde está ahora este pequeño sentimiento de rechazo hacia los holandeses? Creo que ha desaparecido con la misma velocidad con la que llegaron los goles de Sneijder, la fuerza renovada de Van Nistelrooy, el brutal ritmo de Drenthe y las buenas maneras que deja entrever Robben en su puesta a punto en Valdebebas.
No hay que perder nunca de vista la universalidad del Madrid y su capacidad natural para integrar a la gente con talento. Esta universalidad puede pasar por Holanda, por supuesto, y sí es verdad que, por ejemplo, los brasileños han aportado mucho al club en los últimos años, podemos fiarnos de estos nuevos inquilinos llegados desde el norte. El error sería compararles con mala intención. Un holandés nunca será como un brasileño. Para lo bueno y para lo malo. Nos tenemos que adaptar ahora a un nuevo estilo de jugadores dominantes en el Madrid. Hay que ser sinceros, nos están ayudando mucho a aceptarles. Con su disciplina y su profesionalidad, los holandeses saben que el Madrid siempre estará por encima de sus componentes. Bienvenidas sean las ganas de triunfar. Sea cual sea la nacionalidad de los nuevos líderes del Madrid, lo que demanda la gente será el color blanco de sus camisetas. Y los resultados, por supuesto...



