Lo pasó mal y se merecía algo grande

El fútbol produce una emoción colectiva, sobre todo en los momentos de triunfo. Sin embargo, es imposible no dejarse llevar por sentimientos estrictamente personales hacia uno u otro jugador. Reconozco que tengo un cariño especial hacia Mahamadou Diarra. Será por coincidencia lingüística o por una clásica afinidad No lo sé exactamente. Pero no tengo duda de que el malí merece ser reconocido por todo lo que ha aportado al Real Madrid.
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Vaya salto de alegría pegué en la tribuna de prensa cuando Diarra ofreció la Liga a su equipo. ¡Qué cabezazo tan lleno de ilusión! Ayer estuve hablando con él por teléfono. Esta exhausto, pero feliz. "Estaba dispuesto a perder la cabeza en este remate, porque sabía que podía marcar el gol de la victoria", me dijo. Me confesó que un defensa del Mallorca le hizo falta en el momento del golpeo, pero que había puesto tanta potencia que no se pudo cambiar el destino de la pelota.
D espués de la terrible semana que acababa de pasar, Mahamadou supo volver a concentrarse y ser decisivo. Esta capacidad de superación es la marca de los grandes. Sin embargo, Diarra no quiso admitir lo que yo le insinuaba. "Ya estás en la historia del madridismo", le dije. "Todavía no. Tengo que ganar la Champions con la camiseta blanca", me respondió. No le falta humildad, aunque tampoco ambición. Así que nos tenemos que preparar porque, dentro de un año, Mahamadou Diarra nos quiere llevar otra vez de fiesta a la Plaza de la Cibeles.



