Ya es un chaval maduro

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Hay imágenes que impactan a todo un país. El pasado domingo, Francia vio una de estas. Ocurrió en L'Olympia, una sala de espectáculos mítica de París. En esa noche de (casi) final de temporada, el mundo del fútbol francés entregaba sus premios anuales. La gente del fútbol había votado a otra gente del fútbol. Como Samir Nasri había sido elegido "mejor esperanza", Zinedine Zidane pidió expresamente poder entregarle personalmente el trofeo a su joven sucesor. ¡Vaya símbolo! La imagen de estos dos hombres tenía tintes de transmisión de poder. Algo parecida a la que se había visto, unos días antes, en la cima de la República. Pero más allá de este momento tierno y esperanzador, Francia pudo descubrir una faceta menos conocida de Samir Nasri. Sabíamos de su inmenso talento como jugador de fútbol, de su excelente condición física y de su maravillosa técnica... Pero en el escenario el chaval de diecinueve años apareció como un ser ya maduro.
Fue bonito constatar la facilidad con la que el joven Nasri supo analizar en directo todo lo que le esta pasando ahora mismo, y con que grado de elegancia y de inteligencia está viviendo toda la expectación que se ha creado a su alrededor. Es evidente que el chaval tiene la cabeza muy bien amueblada. Dicen los sabios que el fútbol se crea ante todo en la cabeza. Con Samir Nasri tenemos a un hombre muy bien preparado para asumir un papel esencial en este deporte que tanto nos gusta. ¿Será en Madrid?



