París bien vale toda la información
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París bien vale una misa", sentenció primorosamente Enrique IV de Borbón, Rey de Francia y de Navarra, cuando, tras diversas batallitas, quedó entronizado en el trono de Francia, en 1589. Explicación de la célebre frase: el buen rey Enrique despedía cierto olor a azufre, a hugonote nada católico. Y, como resulta que el Rey de Francia, tradicionalmente, es conocido como El Rey Cristianísimo, de ahí el hábil pronunciamiento de Enrique, abuelo de Luis XIV: París bien vale una misa, en efecto. O mil misas. No sirvió de mucho: en 1610, Enrique cayó apuñalado por François Ravaillac, un fanático católico vinculado, probablemente, a las redes pontificias. Luego, Ravaillac, a quien se llamó lunático, fue descuartizado, aparecieron Los Tres Mosqueteros, y a otra cosa. Y si aquí se viene a hablar de tenis, ¿por qué contamos esta historia...?
Hablemos de tenis, pues. Ganar en París, sobre la tierra rojiza de Roland Garros, vale para Su Majestad Roger Federer una, cien y mil misas. En la rueda de prensa tras caer ante Nadal en Montecarlo, Federer (0-5 ante Rafa en tierra, en partidos oficiales) trató de rebajar el fracaso aludiendo, una vez más, a la "información" que recibe cada vez que se mide a Rafa. Hasta cinco veces en esa comparecencia pronunció Federer la palabra "información". Si Su Helvética Majestad procesa esa información, sólo París puede decirlo. Si Federer gana un solo Roland Garros, nadie se cuidará jamás de sus derrotas en Montecarlo, Roma o bolos amigables: quizá, entonces, Roger sí podría ser designado El Mejor de la Historia. Pero, para ello el rey de la ATP se enfrenta a dos retos críticos: el primero, llegar a la final en París. El otro es zurdo, se llama Rafa y tiene puñal.




