Sobre la tristeza alemana...

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No sé lo que significa que esté tan triste...". Así empieza uno de los poemas más bonitos y más famosos de la lengua alemana. Lo escribió Heinrich Heine, un clásico. Anoche, en el Bernabéu, viendo al Bayern de Múnich estos versos sobre la melancolía de los románticos alemanes me venían a la cabeza. Los adversarios del Real Madrid eran hombres tristes que se movían sobre el césped por mero reflejo. Este sentimiento puede ser una fuente de inspiración, un aliciente, en la creación artística... Pero en el fútbol es lo más contraproducente que existe. Por eso el Bayern no fue capaz de arrancar un resultado todavía mejor en la capital de España. No es fácil ser futbolista en un grupo sin un gramo de alegría. Algo no respira en este equipo alemán y ni siquiera el reciente cambio de entrenador ha cambiado esta situación anímicamente negativa. Les haría falta un Luis Fernández, por ejemplo, para volver a sonreír.
El Bayern de Múnich sólo está vivo en esta eliminatoria por las horribles carencias defensivas de los merengues. El Real Madrid puede estar contento de haberse topado con una máquina dura y sin sentimientos porque un Bayern con alegría de vivir y de jugar al fútbol le hubiera sacado los colores a unos frágiles madridistas. El Bayern puso mucha fuerza y eso fue suficiente para hacerle daño a un Madrid que no supo aprovechar las comeduras de coco de su adversarios.



