Mal rollo en la casa de los 'bleus'

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No olvidaré nunca la cara que puso Zinedine Zidane cuando, pocos minutos antes del final del partido Francia-Corea, Raymond Domenech le sustituyó. Zizou salió del campo, pasó al lado del seleccionador y ni siquiera le dedicó una pequeña mirada. Y el otro no se atrevio a decirle una sola palabra al capitán de los bleus. El pasado viernes, el sancionado Zidane tampoco quiso ver en el banquillo cerca del seleccionador el partido decisivo ante Togo. Se quedó solo en el vestuario. El mal rollo entre los dos es evidente y la culpa no la tiene Zidane, sino Domenech.
La razón del desamor es simple: Domenech, tras ser nombrado seleccionador después de la Eurocopa de Portugal, hizo todo lo posible para echar a Zizou de la selección. Y lo consiguió. Primero se dedicó a sacar de los bleus a los hombres más cercanos de Zizou: a Henry Emile, el coordinador de la selección, a Philippe Boixel, el osteópata. Luego tardó un mes en contactar con Zizou, el emblema del equipo, para conocer sus intenciones respecto al equipo. El madridista tuvo que volver a la selección y se logró la clasificación. Salvó a Domenech, pero la relación entre ambos se sigue degradando.



