Lágrimas blancas de Zizou

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Después de estos cinco últimos años en los que estuve pegado a las botas de Zidane, creía saberlo todo de mi querido compatriota. Pues no. Ayer, con la entrevista que le hizo Antonio García Ferreras (otro gran y sincero admirador del crack francés), he descubierto varias cosas que me hacen querer todavía más a Zizou. Yo no me atreví a hablar con él de estas lágrimas del 7 de mayo y me ha gustado cómo él ha sabido reconocer, sin ningún problema, que había llorado como nunca en el terreno de juego. Y eso, por primera vez en su vida como deportista de élite. Ni cuando dejó el Cannes, ni cuando se fue del Burdeos, ni cuando dejó la Juventus, se había emocionado tanto. Qué magnífico mensaje lanzó a la afición madridista. A lo mejor, en ningún club le han querido tanto como aquí, en el Real Madrid. Por eso se va a quedar a vivir en la capital de España y seguirá trabajando en el club más grande de la historia del fútbol.
La mítica canción del grupo Cure dice: "Los chicos no lloran". Pienso que los hombres de verdad sí lloran y que es una gran cualidad humana saber transmitir de esa manera sus sentimientos mas íntimos. Zizou se siente en casa en el Santiago Bernabéu, razón por la cual no escondió a los suyos lo que tenía dentro. La grandeza de los madridistas es ésta: hacer que la gente buena se sienta en casa. Venga de donde venga. Algo maravilloso que, por cierto, no conocerá nunca un futbolista llamado Thierry Henry. Él se lo pierde.



