Maldita solidez defensiva

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La Real jugó lejos de Anoeta como nunca, pero perdió como siempre. El equipo de Gonzalo Arconada se plantó en el Vicente Calderón decidido a cambiar su suerte fuera de casa. La de ayer, ante un rival de entidad y en estado de gracia, era una buena oportunidad para evaluar con exactitud a la nueva Real. Cuando menos, sirvió para ver que poco o nada queda ya de Amorrortu. Si acaso los nombres de los jugadores. Lo demás, nuevo. El saber estar, el rigor táctico y una solidez defensiva a la que la zaga realista no nos tenía acostumbrados. Todo eso provoca que los donostiarras no ofrezcan esa sensación de fragilidad de jornadas atrás e impide al rival (Atlético y Mallorca lo han sufrido con diferente resultado) jugar con tanta comodidad.
El problema es el alto precio que paga. Mueve menos el balón, crea menos ocasiones y se encomienda a su buena labor defensiva. Lo vimos ayer: impidió las peligrosas contras rojiblancas, anuló en muchas fases a Ibagaza y desesperó a Torres y Maxi. Pero todo lo que destruyen Viáfara y Alonso les cuesta crearlo. Y si Stevanovic se limita a detalles, Novo, Gari y Skoubo trabajan sin suerte y Xabi Prieto está en el banco, el ataque se queda en nada. Son apuntes esperanzadores, pero no se puede ser sólo sólido en defensa, porque el rival acierta. Con todo, la Real no jugó mal ante los de Murcia y se mereció un empate, que hubiera hecho justicia a la valentía de los dos. Lo que no es de justicia es lo de Puentes Leira: Expulsó a Viáfara por 'tropezarse' por Gabi.



