El partido merecía a los mejores

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Otra imagen (impresentable), pero también otro equipo. Sin Cicinho, con Zidane una hora en el banquillo, sin la pareja de centrales del sábado y también con un árbitro que se hizo el tonto en el área del Zaragoza. El Madrid no está curado, convalece, y saltarse un paso del tratamiento, excederse en la rotación o la autocomplacencia, puede provocar un pandemónium como el de ayer o como el que ya asomó en Vigo, sólo que el Celta no tenía a Diego Milito. Hay peligro de involución.
Cicinho y Zidane. Por ahí empezó hace un mes a hacerse el Madrid ancho y profundo. El brasileño es un lateral kilométrico, con llegada, retorno y buen tobillo para el centro. A Ronaldo le regaló un gol el sábado. Le da una banda al equipo y más alternativas a Beckham, exteriores e interiores. Míchel nunca ha sido tan largo y sale de una lesión. Ayer fue vulnerable. Resultó una locura cambiar a tres defensas de sábado a miércoles. Rijkaard sólo quitó a Puyol y no pudo remontar la eliminatoria. Lo de Zidane se entiende mejor, porque su espalda y el cuentakilómetros no aguantan ya los dos partidos por semana durante un periodo prolongado. Y a López Caro le pesó más la prudencia que la importancia del encuentro. O, quizá, y eso es más preocupante, ni el técnico ni el equipo midieron bien el tamaño del Zaragoza, capaz de multiplicar por dos el galacticidio de Montjuïc. El Madrid ha sido capaz de ponerse tan imposible la Copa como la Liga. Ahora tendrá la vuelta por castigo.



