Que el espíritu campeón entre en el precio del alquiler

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Luis enseñó ayer al país a través de la ventana de la Prensa el refugio de España durante el Mundial. Tiene buena pinta. Un lugar tranquilo, un equipamiento completo y moderno y una población que se mostró acogedora y respetuosa. El seleccionador pretende que sea una residencia con alma. No extraña que un hombre de conocidas supersticiones meta a sus elegidos en el mismo lugar que eligió Alemania para vivir durante el Mundial del 74 y preparar el del 90, ambos con idéntico resultado: la victoria final. Está bien encerrar allí a una selección que vuela hacia casa en cuanto en el reloj de las grandes competiciones suenan los cuartos, por si en aquella atmósfera aún es respirable la pasta competitiva de esas dos selecciones que encabezó Beckenbauer, una desde la capitanía y otra desde el banquillo.
Encontradas las instalaciones idóneas, de Luis dependerá luego que el ambiente se mantenga puro, casi un imposible en todas las citas anteriores. Están programados tres partidos en doce días, tan útiles para darle cohesión al equipo en el campo como para combatir el aburrimiento, y alguna desconexión de día y medio para que los futbolistas se sacudan la presión en casa. Eso será antes de que empiece el combate con fuego real. A partir de entonces imperará la ley del fútbol: el buen rollo sólo lo mantienen los buenos resultados. Y eso no lo cambia ni un todo incluido en el paraíso.



