Yo digo Joaquín Maroto

A Reyes no le hace falta un Ferrari

Joaquín Maroto
Redacción de AS
Actualizado a

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No hace mucho tiempo que en el Real Madrid se puso de moda conducir un Ferrari. La avalancha fue tal que incluso le dio nombre a la Quinta de La Séptima. En ese preciso momento pareció para que para lucir en Chamartín no bastaba con saber jugar al fútbol, sino que hacía falta conducir un Cavallino Rampante, el símbolo que llegó a la escudería de Módena copiado del fuselaje del avión de Francesco Baracca, as italiano caído en Montello en la I Guerra Mundial. Algunos, como Seedorf, se lo compraron en un color inusual para ese coche: azul marino. Y otros, cuando se torció la cosa, terminaron guardándolo en la cochera de un amigo, en Aravaca.

Reyes se ha casado con el Arsenal, y a los ingleses, tonterías, las menos. Reyes tiene un Ferrari. Un Ferrari amarillo, para más inri. Ya contó Fowler, en una magnífica serie de Robinson publicada en AS, como el Liverpool le hizo vender su Ferrari a las 24 horas de sacarlo del concesionario. Se lo exigió por respeto a una ciudad portuaria y trabajadora. Ronaldo, que es el más grande, también se compró uno. Lo usó un mes. Un día me contó que le parecía un abuso pasearse por su barrio en Rio de Janeiro con un coche que valía tanto como la escuela de primaria a la que le habían puesto su nombre en ese mismo barrio. Y lo vendió. Él podía tener un Ferrari, y dos, pero le pareció que no era el momento. En Inglaterra, al Liverpool de Fowler, le pareció lo mismo.

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