Una lágrima y una sonrisa

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Una lágrima virtual atraviesa mi corazón. Hace diez años, el 17 de agosto del 1994, yo no estaba con Zinedine Zidane cuando se estrenó con la selección francesa. Ese día marcó dos goles decisivos. Pero ayer sí que pude estar con el ídolo de la República cuando anunció oficialmente que dejaba a los bleus para siempre. La escena que quedará para siempre grabada en mi memoria tuvo lugar en un hotel del Parque Ferial Juan Carlos I de Madrid, pero, la verdad, hubiera podido pasar en cualquier sitio. No hubiera sido diferente para mí. Fue un momento único, inolvidable, emocionante y tierno. Tuve la rara impresión de estar viviendo algo histórico. Zizou ha tomado una decisión que nadie se atreve a criticar porque a un hombre como él siempre se le respeta, haga lo que haga. Zinedine alternaba sonrisas de simpatía y de alivio con gestos más serios. Apoyaba cada una de sus palabras para que no hubiera dudas sobre ninguna de sus profundas motivaciones.
No volverá a la selección, lo tiene muy claro, y Zizou no es de los de los que cambian de opinión. Francia tardará mucho en asumir esta noticia que intuía desde hace tiempo, pero que no quería creer. El seleccionador francés declaró incluso que de momento nadie llevaría en la selección el numero 10 de Zizou. ¿Todo esto por un futbolista? No, todo esto para un símbolo de este país multicolor que tanto amo, para un antídoto al racismo y al odio. Una lágrima virtual atraviesa mi corazón recordando a Zizou vestido de azul. Pero ya aparece una sonrisa real, pensando en Zidane vestido de blanco para muchos partidos. Lo único claro es que hoy todos los franceses quieren vivir en Madrid.



