Top 10

¿Cuáles son los mejores juegos de Super Nintendo (SNES)?

Recordamos el “cerebro de la bestia”, la legendaria consola 16 bits que llevó los juegos en 2D a una era de esplendor que aún la sitúan entre las grandes.

Organizar listas con los mejores juegos de Nintendo 64 y GameCube nos ha servido para recordar cómo la compañía japonesa —y sus colaboradoras— se introdujeron y evolucionaron dentro del nuevo marco ofrecido por las entonces jóvenes tres dimensiones. La época de 32/64 bits en particular requirió mucha experimentación, lo que dio pie tanto a aciertos como a errores, y a veces hizo echar de menos la extrema eficiencia de los 16 bits. A pesar de quedar más lejanas en el tiempo, consolas como PC Engine, Mega Drive y, sobre todo, Super Nintendo, supusieron la culminación de una escuela, la 2D, que nunca nos ha abandonado, pero que tampoco ha vuelto a recibir tanta atención simultánea por parte de tantos estudios de primer nivel.

Nintendo, por supuesto, nos dejó algunos de los mejores plataformas de scroll lateral, aunque también usó el Modo 7 para estrenar sagas como Mario Kart, F-Zero y Pilotwings. Squaresoft puso las bases de la etapa moderna de Final Fantasy mientras Namco daba el pistoletazo de salida a los Tales y en España nos familiarizábamos con los JRPG de mano de clásicos como Illusion of Time y Terranigma. Konami llevó al siguiente nivel franquicias tan emblemáticas como Castlevania y Contra. Capcom hizo lo propio con nombres como Super Ghouls 'n Ghosts o Final Fight, creó una serie nueva para su héroe de acción principal (Mega Man X) y también cambió para siempre el género de la lucha con un juego que, evidentemente, se ha colado en nuestro top, elaborado por redactores y colaboradores. Porque son muchos los que podríamos enumerar, pero hay diez en los que sí o sí nos tenemos que parar.

10. Secret of Mana

Abrimos la lista con Squaresoft, cuya mayoría de juegos por desgracia no llegaron oficialmente a Europa hasta bastantes años más tarde de su estreno original (incluyendo algunos que veremos más arriba en este mismo top), pero al menos ya entonces nos dejó disfrutar de la fantasía y el multijugador de Secret of Mana. Versión localizada de la segunda entrega de la saga Seiken Densetsu (el original, de Game Boy, se había renombrado como Mystic Quest), el juego era un RPG de acción en tiempo real, lo que permitía tanto un ritmo más ligero y frenético, accesible para un público todavía no adentrado de lleno en los JRPG clásicos, como un cooperativo a dos o incluso a tres en caso de disponer del accesorio super multitap.

Tras encontrar y reclamar la Espada de Maná en un bosque cercano, el protagonista (a bautizar por los jugadores) era expulsado de su aldea y se embarcaba en una aventura para localizar los templos de Maná y devolverle su poder. Pero unos goblins pronto interrumpían su viaje para intentar zampárselo, ocasión el juego aprovechaba para presentar a la segunda protagonista; y más tarde, el camino de ambos se cruzaba con el de una hada, que se unía al grupo después de intentar estafarlos. Incluso sin amigos al lado, la CPU manejaba a los otros personajes para reforzar la sensación de camarería, y la práctica interfaz con armas, ítems y magias situadas en anillos ayudaba a que cualquiera se sumergiese con facilidad en el fragor del combate. A partir de ahí, su escala, el fantástico trabajo con la dirección artística y su genial banda sonora se encargaron de elevarlo entre los mejores de la consola.

9. Donkey Kong Country

Aunque ya tenía años de experiencia y algunos juegos relevantes a sus espaldas (como el BattleToads de NES), la británica Rareware encontró en Super Nintendo su principal trampolín hacia la fama. En su intención de mantenerse a la vanguardia técnica, la compañía invirtió en una de las avanzadas estaciones de trabajo de Silicon Graphics y sus primeras pruebas sorprendieron a Nintendo, que les cedió Donkey Kong (hasta entonces limitado a recreativas de una pantalla) para que lo reimaginasen como un héroe plataformero en la línea de Mario y su rival más popular, Sonic. Y eso hicieron, pero además logrando un apartado audiovisual que rompió todos los moldes y convirtió al instante a la serie Country en una de las más populares del género.

Aunque en televisores modernos se pueda apreciar mejor el “truco” y romper parte de la ilusión, la forma en la que el estudio convirtió personajes y otros elementos 3D (modelados con polígonos) en sprites 2D parecía brujería y conseguía una genuina sensación de trimensionalidad para los estándares de 1994. Pero Donkey Kong Country no solo era una cara bonita, y además de introducir nombres tan emblemáticos como Diddy Kong, Cranky Kong o King K. Rool, el líder de los Kremlings, también vino cargada de ideas propias como la montura de otros animales (el rinoceronte Rambi, la avestruz Espresso, el pez espada Enguarde y la rana Winky), la satisfactoria mecánica de rodar para arrollar enemigos y enlazar con saltos más largos, y una selección de niveles variados, con fases de vagonetas, barriles lanzadores y demás. Su antológica banda sonora puso el broche de oro y ambientó todo ello a la absoluta perfección.

8. Super Mario World 2: Yoshi’s Island

Donkey Kong Country subió el estándar y Nintendo tomó nota, esforzándose más que nunca para hacer del siguiente Mario una delicia visual capaz de sorprender durante los últimos coletazos de SNES. Claro que Super Mario World 2 rara vez se suele referenciar como tal, puesto que, además de cambiar a un estilo gráfico que imitaba trazos de lápiz, cedió el protagonismo a Yoshi para dar origen a una saga nueva de pleno derecho. Estrenado en 1995, Yoshi’s Island fue también la última gran superproducción de esta clase para una compañía ya inmersa en el desarrollo de Super Mario 64. Pero eso no significa que sea una reliquia de otra época: en pleno 2021, sigue siendo uno de los mejores plataformas creados por Nintendo, en 2D o 3D.

Su exquisita dirección artística se mantiene tan vigente como el primer día, e hizo gala de efectos elaborados como distorsiones y rotaciones gracias al avanzado chip FX2. Aunque la principal atracción era la jugabilidad replanteada. Yoshi era inmune a los enemigos y podía planear, lo que bajó la exigencia plataformera; pero tanto la constante vigilancia de Mario bebé (que salía volando al recibir daño) como la densidad de los niveles (con múltiples coleccionables para desbloquear fases extra) requerían utilizar bien el repertorio para avanzar. Engullir y convertir en huevos arrojadizos a los enemigos creaba una nueva dinámica de combate y servía para activar interruptores o romper partes del escenario en un juego mucho más centrado en la exploración. Las ocasionales transformaciones de Yoshi en vehículos como un coche, un helicóptero o un submarino, y el manejo del propio Mario bebé gracias a las superestrellas completaban una propuesta original y muy trabajada.

7. Donkey Kong Country 2: Diddy’s Kong Quest

Yoshi’s Island fue un juego mágico, pero Rare no tardó en darle la réplica con el segundo Country, también lanzado en 1995, pero capaz de superar a su antecesor a todos los niveles pese al limitado año de desarrollo. Esta vez Donkey Kong dejó el protagonismo a Diddy, que se embarcó en una nueva aventura (apropiadamente subtitulada Diddy’s Kong Quest) de temática pirata junto a su novia, Dixie Kong. Ambos chimpancés eran más ligeros que el gorila, lo que se tradujo en un control más ágil y beneficiado por nuevas mecánicas como el planeo con aleta de Dixie. Un ajuste sutil, pero necesario, puesto que el juego terminaba escalando más hacia arriba su dificultad, aunque era una subida rara vez frustrante gracias a la mejorada detección de colisiones entre los personajes y escenarios prerrenderizados.

La calidad gráfica también se benefició de la experiencia adquirida por el estudio, y las junglas, cuevas y templos antiguos del original dieron paso a barcos sumergidos, pantanos frondosos y bosques fantasmales más detallados, distintivos y ambientados por una banda sonora fabulosa, cortesía de un David Wise que se marcó uno de esos trabajos que definen carreras. La variedad fue otro aspecto mejorado, tanto en el plano visual como el mecánico, con montones de situaciones nuevas, plataformeo en niveles verticales, nuevos animales como la araña Squitter, una selección de jefes bastante superior, abundantes minijuegos bonus y el uso de coleccionables más allá de las letras KONG para desbloquear fases extra. A pesar de sus virtudes jugables, para muchos el primer DKC había deslumbrado principalmente por su rompedor aspecto; Diddy Kong’s Quest fue la prueba irrefutable de que en Rare también sabía crear un plataformas de primer nivel, a la altura de lo mejor de Nintendo.

6. Street Fighter II

Paramos momentáneamente la traca plataformera para hablar de un juego tan legendario como cualquier Mario o Donkey Kong. Porque hace ya tres décadas, Capcom estrenó Street Fighter II y cambió para siempre el género de la lucha. Su influencia llega hasta nuestros días, y no solo porque la propia saga también lo haga, sino porque otras tan variadas como Mortal Kombat, Tekken o Guilty Gear han recorrido un camino pavimentado por este clásico. Los diseños y repertorios que imprimían personalidad propia en cada luchador, la elaboración y cancelación de combos o el excelente trabajo con las animaciones son pilares fundamentales que Street Fighter II ejecutó con sorprendente soltura pese a no tener un referente igual de claro sobre el que asentarse (ni siquiera su inmediato y limitado antecesor).

Eso sí, hablando de mejorar sobre una base establecida, no se puede tratar Street Fighter II sin mencionar sus diferentes versiones. Subtitulada The World Warrior, la edición original se estrenó en recreativas a principios de 1991 y fue adaptada a Super Nintendo al año siguiente dejando solo el nombre Street Fighter II. Fue un port de gran calidad y logró vender más de 6 millones de copias, evidenciando el enorme interés por la saga y el género fuera de los salones arcade, y propiciando la llegada de nuevas revisiones: en 1993, Street Fighter II Turbo combinó el contenido nuevo de Champion Edition (donde se estrenaron luchadores como Vega y Bison) con la mayor velocidad de Hyper Fighting; y en 1994, Super Street Fighter II amplió de nuevo la plantilla y mejoró de forma algo más significativa los gráficos. Pero cualquiera de sus versiones, incluyendo la original, eran válidas para disfrutar un juego histórico.

5. Super Mario World

Entramos en la mitad alta de la lista y retomamos una vez más el plataformeo porque, cómo no podía ser de otro modo, Mario también dejó su huella en la consola. Puede que Donkey Kong Country y Yoshi’s Island sorprendiesen con nuevas formas de enfocar el género, pero la eficiencia contrastada de Super Mario World sirvió tanto para respaldar a Super Nintendo en su lanzamiento como para mantenerlo entre los juegos más divertidos y rejugables de la generación 16 bits año tras año, a pesar de la creciente competencia dentro y fuera de casa. La fórmula de scroll lateral, saltos precisos, power-ups y niveles llenos de secretos ya había alcanzado la categoría de arte en Super Mario Bros. 3, pero Nintendo todavía guardaba varios ases para World.

El primero fue Yoshi, que se materializó por primera vez después de que las limitaciones de NES impidiesen incorporarlo. El simpático dinosaurio permitía engullir enemigos, disparar bolas de fuego y salvar grandes distancias, incluso a costa de su sacrificio para un salto extra. La movilidad de Mario también se vio beneficiada por añadidos como el salto torbellino, útil para romper o girar bloques desde arriba, y la capa, cuyo uso requería más habilidad que el traje tanuki, pero permitía realizar maniobras aéreas más elaboradas. Los niveles eran más grandes y variados, y estaban poblados por enemigos más pintorescos, como jugadores de fútbol americano, orugas con mala leche o los tímidos fantasmas Boo, que evitaban contacto visual con Mario en mansiones planteadas en clave de rompecabezas. El mundo como tal también fue replanteado e hizo justicia a su título, conectando las diferentes regiones como parte de un único mapa con rutas alternativas e infinidad de secretos para descubrir. Un imprescindible por el que nunca pasa el tiempo.

4. Final Fantasy VI

A pesar de no gozar de lanzamiento europeo y ser renombrado como Final Fantasy III en América por la omisión de varias entregas previas, la historia ha servido para reivindicar a FF VI no ya como la culminación de la era 2D de la saga, sino como uno de los mejores JRPG jamás creados. No son palabras menores, pero sí razonables para definir a un juego que aunó las virtudes del sistema Active Time Battle con la destreza que habían adquirido los artistas de Squaresoft tras varios años trabajando en la consola, las magistrales composiciones de un Nobuo Uematsu que se volvió a superar a sí mismo y un extenso reparto de personajes que aún hoy, multiplicado el número de entregas, se siguen contando entre sus mejores protagonistas.

La clave, de hecho, fue en gran parte eso: tratar a muchos de ellos como protagonistas. La misteriosa Terra, muchacha de habilidades mágicas inicialmente dominada por el malvado imperio Gestahl, abría el juego, pero pronto otros personajes como Locke, Edgar, Celes o Cyan se sumaban a la aventura e incluso llevaban temporalmente las riendas de un guion épico, tan cargado de punzadas divertidas como de giros dramáticos. Kefka, el bufón que actuaba a la vez como alivio cómico y villano, ilustró como nadie esta dualidad, y el desarrollo a veces se ramificaba para dejarnos seguir las aventuras de diferentes grupos en diferentes lugares. Su música, el ejemplar sistema de combate e innumerables momentos como el descubrimiento de la identidad real de Terra, la escena de la ópera con Celes, las apariciones del octópodo Ultros o el tono sombrío que adquiría el mundo de durante la segunda mitad aún hoy encaraman a Final Fantasy VI entre los más grandes.

3. The Legend of Zelda: A Link to the Past

Y hablando de grandes, entramos al podio de la mano de A Link to the Past. Al igual que Mario, la saga Zelda ya se había hecho un nombre en NES, pero al final de la generación 8 bits aún seguía a la espera de su propio Bros. 3. Ese juego que ampliase y refinase la rompedora fórmula original para crear algo igual de trascendental, capaz de renovar su vigencia y reforzar sus cimientos para asentar las siguientes décadas de la serie. El atípico The Adventure of Link había sido una secuela correcta, con algunas ideas buenas, pero fue con la llegada de Super Nintendo cuando Miyamoto y compañía reinventaron la saga volviendo a los orígenes, rechazando el componente rolero y la perspectiva lateral para construir una aventura de grandes proporciones.

Su desarrollo no era tan críptico o libre como el del primer Zelda, pero a cambio ALTTP ofreció una historia más inmersiva, que empezaba mucho antes de dirigirnos a la primera mazmorra con Link explorando Hyrule una noche lluviosa antes de adentrarse en el castillo y descubrir el destino que le unía a la princesa. Luego venía la exploración de un mundo vasto, mucho más denso y detallado, que encima se duplicaba al descubrir su versión oscura. También minijuegos, abundantes secundarios y docenas de secretos. Mazmorras intrincadas, con ambientaciones diferentes y múltiples pisos de altura. Y puzles más elaborados, que a menudo sacaban partido al ampliado repertorio de ítems con clásicos como el arco, las bombas, el gancho o los báculos de fuego y hielo. Eso sin olvidar, claro está, el estreno de la Espada Maestra, que se podía empuñar en ocho direcciones y cargar para realizar ataques giratorios. Pocas veces el uso de la palabra “leyenda” fue tan apropiada.

2. Chrono Trigger

Squaresoft reaparece con otro juego que por desgracia aquí tuvimos que esperar algo de más para recibir de forma oficial, pero que no por ello ha dejado de ser celebrado como uno de esos clásicos que trascienden a géneros y épocas. Creado por un dream team de diseñadores que incluía a Hironobu Sakaguchi (Final Fantasy), Yuji Horii (Dragon Quest) y Akira Toriyama (Dragon Ball), el proyecto estaba llamado a ser el JRPG definitivo ya desde su concepción. Unas expectativas que podrían haber acabado en desastre, o como poco en decepción, pero se revelaron del todo justificadas al probar el producto final. Estrenado en 1995, poco antes de que el género viviese una segunda edad dorada en la primera PlayStation, Chrono Trigger puso el broche de oro a la era 16 bits con posiblemente su mejor exponente.

¿Sus virtudes? Un preciosista pixel art que sigue maravillando décadas después de su estreno. Un elenco de protagonistas memorable, pertenecientes a diferentes trasfondos e incluso épocas (desde un robot del futuro hasta una troglodita, pasando por un guerrero medieval transformado en rana), que se aliaban para hacer frente a un enemigo común a través del tiempo. Un desarrollo ágil, de gran ritmo y rejugabilidad gracias a la implementación de rutas y finales alternativos. Un sistema de combate tan táctico como dinámico, que evitaba las peleas aleatorias y permitía ejecutar espectaculares ataques conjuntos. Y también una selección musical de enorme calidad, que consagró al joven Yasunori Mitsuda a pesar de tratarse de su primera banda sonora. Chrono Trigger exprimió hasta la última gota del talento involucrado, viejo y joven, para ofrecer una experiencia JRPG sin fisuras, tan eficiente en su diseño como mágica en su capacidad para transportarnos entre las edades.

1. Super Metroid

Si visteis nuestro top de Metroid hace unos meses, seguramente esta elección no os pillará de sorpresa. La competencia allí también era dura, pero Super Metroid es la clase de obra maestra que consigue destacar incluso entre otras obras maestras. Una oda a la exploración y a la construcción de atmósfera que sacó petróleo del hardware de Super Nintendo y se sigue usando hoy en día como una de las principales varas de medir cada vez que un metroidvania intenta recapturar lo que este juego logró con virtual perfección en 1994. Como en el caso de Mario y Zelda, sus cimientos ya se habían establecido con éxito en NES, pero los 16 bits ofrecieron un entorno privilegiado para mejorar la fórmula. Volver al planeta Zebes, recorrer su intrincada red de cavernas, hacer frente a la peligrosa fauna alienígena y conseguir las mejoras que nos permitían adentrarnos más y más en las profundidades.

La morfoesfera, los misiles, el salto alto, el gancho, rayos y trajes con diferentes propiedades... El diseño era un rompecabezas que resolvíamos pieza a pieza, pero la fenomenal puesta en escena audiovisual ahora servía tanto a un propósito narrativo, con infinidad de pequeños detalles que daban vida (o se la quitaban) a su mundo sin necesidad de palabras; como a uno jugable, facilitando la orientación y el backtracking por niveles amplios, ramificados para ofrecer más de una opción simultánea, y llenos de personalidad gracias al extensivo uso de la paleta de colores y a efectos como partículas flotando en el aire, superficies palpitantes o distorsiones en la imagen por el calor. El control era más ágil y permitía apuntar en ocho direcciones. Los jefes eran enormes y exigentes sin resultar frustrantes. El mapa ayudaba a no perder el rumbo tras varias horas de exploración. Las zonas estaban llenas de secretos opcionales que recompensaban a los más minuciosos. Era todo lo que debía ser y luego un poco más. El mejor representante del potencial del cerebro de la bestia.

Super Metroid

Super Metroid, desarrollado por Nintendo R&D1 y editado por Nintendo para Super Nintendo, supone el debut del clásico de acción y plataformas Metroid en la 16 bits de Nintendo. Pon en práctica nuevas habilidades como el Rayo Enganche o el Visor de Rayos X para recorrer los enormes laberintos del planeta Zebes combatiendo enemigos y temibles jefes con un arsenal de rayos, misiles y bombas. Super Metroid es uno de los mejores juegos de acción en 2D de todos los tiempos, y gracias a su innovadora mezcla de exploración, acción y misterio, sentó las bases para la saga Metroid Prime.

Super Metroid