Los Archivos Secretos de Sherlock Holmes: El Caso de la Rosa Tatuada

Los Archivos Secretos de Sherlock Holmes: El Caso de la Rosa Tatuada - Primeras Pesquisas:¿Atentado o Accidente?

De nuevo Holmes en un caso de lo más misterioso. Junto con su compañero Watson investigará hasta dar con el asesino...

PRIMERAS PESQUISAS : ¿ATENTADO O ACCIDENTE ?

Holmes pregunta a Watson para ponerse al día del estado de las investigaciones llevadas a cabo por su compañero sentimental (esto, quiero decir colega investigador). Abre el escritorio para llevarse una linterna, pero rehusa llevarse la porra, la pistola o la motosierra, dejando como siempre a Watson estos menesteres. Una vez en la calle, puede recoger unos guijarros, pero no le harán falta en todo el juego para nada productivo.

Se dirige a Scotland Yard, pero el guarda se muestra reacio a dejarle entrar. Holmes averigua sin embargo que ha perdido mucho dinero con el trilero Augie, así que decide investigar el juego del canalla. Tras hablar con Augie, y pedir jugar una partida, cuando el rufián le pide que escoja dónde está el 'as', Holmes señala... la mano de Augie, y gana. Tras esto, Holmes puede hablar con el guarda sobre los naipes trucados, las virtudes teosóficas o la gravitación universal, para poder entrar en el Yard.

Una vez dentro, primero Holmes habla con el sargento Jeremy sobre Lestrade y el preso que sufre extrañas convulsiones, al fondo del Yard. Interroga a Watson sobre el mismo preso y averigua que es un mero enfermo convulso, nada de un loco homicida que deba ser internado en un psiquiátrico. Holmes convence al sargento de que el preso no es más que un pobre enfermo, tras citarle a la sagrada Enciclopedia Británica (poneos de pie, quitaros gorras y sombreros, haced profunda reverencia, sentaos de nuevo). Tras este proceso, Lestrade se libra de la pesada hermana del supuesto loco peligroso (ahora que podía ligar, llegan ese par de... augustos caballeros y le jod... le jor... le cambian los planes). Ahora Holmes se vuelve pesado con Lestrade hasta que éste accede a redactarle un permiso para proceder a sus investigaciones.

Buen momento para ir al Club Diógenes, decide Holmes, y se lleva a Watson para allá. Tras mostrarle el permiso a Forbes, el mayordomo accede a dejarles entrar, pero se muestra como un molesto pedrusco en el calzado de Holmes. Y la sociedad victoriana no ve con buen gusto los sacrificios humanos, así que debe retener sus impulsos primarios. Tras hablar con Watson, examina, huele y recoge la caja de rapé que ya antes había encontrado Watson. Vuelve a hablar con Watson sobre la necesidad de distraer a Forbes cuando llegue el momento oportuno.

Dentro de la zona afectada por la explosión, Holmes interroga a Forbes a conciencia. Tras mirar y tocar los restos del reloj, el sillón, los escombros y la viga del fondo, habla con Watson sobre diversos temas, especialmente el de distraer a ese pelmazo de mayordomo.

Una vez Watson se lleva a Forbes a buscar setas, Holmes puede soltar la cadena de la araña de lámparas, intentar mover la viga, atar la cadena a la viga, iluminar los escombros con la linterna, rebuscar en ellos, encontrar un pequeño muelle o resorte, perteneciente al reloj destrozado. Recoge la linterna y se acabó el rollo.

Holmes se encamina con su pareja (uh) al Hospital. La enfermera se muestra de nuevo terca y no les deja pasar, ni habiendo mostrado el permiso de Lestrade. Holmes mira, examina y habla con ella, pero no hay nada que hacer. Así que decide usar una táctica ladina. Tras examinar y hablar con el paciente de la camilla, habla sobre él con la enfermera, y luego con Watson, tras todo lo cual, habla con el paciente y 'traslada' la camilla.

Sin más ceremonias, Holmes accede a la Morgue.

Tras hablar amistosamente con el forense y pedir permiso para actuar, como el caballero educado que se supone que es, le muestra el permiso de Lestrade y empieza a examinar el cadáver de Sir Hubert. De nuevo educadamente, Holmes pide al forense su venia para examinar el cuerpo y su ropa. Tras examinar, oler y girar el cadáver, Holmes averigua que la explosión, aunque produjo un fogonazo de calor intensísimo, no produjo un efecto abrasador excesivo ya que la llamarada pasó rápidamente. Tras abrir el armario, puede examinar las pertenencias del finado. Buen momento para que Holmes comente con el forense lo que ha descubierto, y para compartirlo con Watson.

En la sala de curas, Holmes lee el gráfico médico de su hermano, donde encuentra el recibo por los objetos que él llevaba al entrar en el Hospital. Recoge el recibo. Tras hablar con Mycroft, hablar con Watson y pedir ayuda a la enfermera, abandonan la sala. Muestran el recibo a la gruesa enfermera de recepción para poder recuperar las llaves de Mycroft.

En casa de Mycroft montan guardia dos personajes de aspecto sospechoso. Tras intentar negociar con el gigantón de la entrada, Holmes le muestra la tarjeta, el mensaje, las llaves y el culo (bueno, eso no) no consigue convencer a Colleran, que así se llama la bestia parda, de sus intenciones. Tras hablar con el chofer, que ha reaparecido tras ausentarse para Dios sabe qué, Holmes habla con Watson sobre él. Cuando vuelve le comenta que es un hombre de Lestrade.

Tras volver a hablar con Colleran y el chofer, éste les presenta a Watson y Holmes. Ahora ya pueden entrar en las habitaciones de Mycroft.

En la sala de estar, puede Holmes mover el cuadro sobre la chimenea para encontrar la caja fuerte, la cual abre en un santiamén. Pero allí no hay nada. Tras hablar con Watson, deciden entrar en el dormitorio.

Holmes examina la cartera de su hermano, mueve el candelabro, y examina los papeles. Tras hojear el diccionario, y mirar, agitar y probar la pluma, recoge los papeles a la izquierda del escritorio y se los muestra a Watson, con el cual habla de los recientes descubrimientos.

Holmes puede volver al Hospital a parlamentar con su hermano para hallar más pistas, aunque no es del todo necesario.

De vuelta a su propio piso, Holmes analiza el papel hallado en casa de su hermano en la mesa de experimentos. Tras depositar el papel sobre una bandeja, y poner un poco de agua destilada en la misma bandeja, enciende el mechero con las cerillas, y coloca el papel sobre el mechero, tras lo cual es examinado minuciosamente.

Nuevamente en casa de Mycroft, esta vez Holmes hojea la Biblia que hay sobre el atril de la sala de estar, y una vez consultado el Génesis, recoge el pergamino y se lo lleva a Baker Street.

De nuevo en su piso, Holmes analiza el pergamino en la mesa de laboratorio. Vierte agua en la jarra y añade yodo. Tras usar las cerillas sobre el mechero y encenderlo, coloca el pergamino sobre la jarra cuyo contenido está hirviendo. Tras esto, habla con Watson

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