Noctropolis - La Trampa en la Catedral de Noctrópolis
Una aventura gráfica como las de toda la vida. Los puzzles son bastante complicados y el ambiente en el que se desarrolla muy oscuro
La Trampa en la Catedral de Noctrópolis
De los datos obtenidos del cómic, parece lo más lógico hablar con el padre Desmond (no sabemos si este cura es ciego o tiene el iris albino) el cual habita en la catedral. Pero llegados allí, un chaval nos advierte que Succubus ha convertido una gárgola de piedra en un ser viviente que mantiene sitiado y aislado del exterior a Desmond, tras lo que se larga.
No se amilana Peter fácilmente. Tras encontrar un hierro de la verja que cede, lo arranca y recoge un cable cercano. A la estatua de la derecha, le abre el panel y le inserta el cable eléctrico, que con el hierro de la verja es lanzado hacia la fuente de cobre. Una vez la pisa la gárgola volante, queda reducida a un mero cacho de la cabeza candente.
Una vez dentro, Peter penetra (con perdón) en el confesionario y abre la ventanilla para hablar con el padre Desmond. "Padre, confieseme que he pecado" "¿Cuantas veces hijo mío?" "Puñados al día. Busco la paz" "Temo por mi vida" "¿Quién es esa criatura?" "Destruí la gárgola" "Pues vale, soy Tenebroso". Nos hace entrega de un hueso, que resulta ser una mandíbula humana.
En misión especial, y como aprendiz de Tenebroso, acude Peter al apartamento de puertas blindadas donde Stiletto ahoga sus penas con una litrona de buen Bourbon, el whiskey de Kentucky. Cualquier intento para convencerla resulta vano, por mas que mencionéis el peligro que corre Desmond.
Buscando información, acude a los Archivos Municipales (Record Hall) donde depositando la mandíbula sobre la bandeja, el archivador (con perdón) le comunica quién era su antiguo dueño y usuario, un financiero muerto años ha, Benjamin Hutchins, cuyos restos yacen en el Mausoleo de la ciudad. Es una pista, queridos hermanos.
Peter va al Mausoleo, un lugar imponente y no reservado a los meros mortales (que no dispongan de algo de dinerillo ahorrado: Roldán, Conde, De La Rosa,...). La entrada principal está cerrada a cal y canto. Pero la verja y puerta laterales no. Por allí Peter puede entrar a una sala donde halla el féretro sin cadáver de Peter Bornick (Avda. Sombría, 117). Moviendo uno de los cuerpos que yacen en las mesas, encuentra la llave del ataúd y la usa para abrirlo y meterse en su interior (Este no ha leído a Poe).
Tras unos zarandeos, es transportado (ah, sí, como en The Hobbit) hasta el interior de una cripta en el Mausoleo. Pero se trata de una trampa de la Succubus, que aprovecha para "hincarle el diente" en varios sentidos de la palabra al infortunado Peter.
Una vez despertado, Peter está encerrado en la cripta, sin salida aparente y emponzoñado por el mordisco, restándole unos pocos minutos de vida. Momento de pensar rápido (o de salvar la partida, Aventureri Codice, nomos III). Debajo de la mesa, encuentra un trozo de gasa atrapado. Así que tras empujar la estatua, la mesa se aparta de la salida, por la cual desciende Peter sin perder tiempo. Bueno, se puede coger la gasa si se quiere.
Ya en la guarida de la Succubus, debajo de su almohada encuentra su diario. Una lectura facilita la comprensión del asunto y la implicación del archimalvado Flux. ¡Hay una bomba en la catedral que espera sellar el destino de Desmond! ¡Hay que impedirlo! Pero primero hay que salir de la guarida leonera esta. Una lanza de una estatua de la colección permite quitar los barrotes que le impiden salir al exterior.
Ya en la catedral, advierte Peter a Desmond de la existencia de la bomba, además de otros cotilleos con poca sustancia. Peter encuentra la bomba debajo de un cojín cercano al altar, y recoge el detonador desactivando el explosivo plástico. Entra en escena la Succubus, algo molesta porque su plan ha quedado hundido. Desmond se ve incapaz de actuar, y Succubus se le acerca... apareciendo Stiletto que distrae a la vampira el tiempo justo para que Peter rellene de agua bendita el cáliz que hay en el altar y se lo lance por encima a la Succubus... que abandona el (voluptuoso) cuerpo de la monjita y regresa al averno de donde no debió haber salido el monztruo sesuá eze.