Los dos deportes vienen de un tronco común

Jesús Mínguez
Nació en Guadalajara en 1973. Licenciado en Periodismo por la Complutense. En AS desde el año 2000, es redactor jefe de Más Deporte. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos y unos Paralímpicos, Grand Slams de tenis, Davis, Laureus, candidaturas olímpicas, política, dopaje o grandes combates de boxeo. Le gusta escribir de deporte y también practicarlo.
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La idea de Clive Woodward no sería tenida por descabellada por los pioneros del rugby y el fútbol, porque ambos provienen de un tronco común. Durante la Edad Media, buena parte de Inglaterra se entretenía llevando un objeto, normalmente una vegija de cerdo inflada, de un pueblo a otro contando, eso sí, con la oposición de los vecinos de la segunda población. Una lucha en la que valían las manos y los pies. Lo llamaron choule o soule. Este juego se fue depurando y suavizando hasta llegar la Freemasons Tavern, un pub londinense en el que el 26 de octubre de 1863 se puede decir que nació el fútbol y se separó definitivamente del rugby. Ese otoño, se reunieron cerca de Covent Garden representantes de diversos colegios y universidades de Gran Bretaña que querían dar una serie de reglas a un juego que iba haciendo furor. Una cuestión clave hizo que se configuraran dos bandos en el cónclave de Londres: la utilización o no de las manos, porque un sector quería que se pudiesen emplear para detener al rival y jugar el balón. Estos manomanistas acabaron abandonando la reunión y se fundó la Football Association, con reglas que prohibían la utilización de las manos. Más tarde, en 1871, se crearía la Rugby Union. Los dos deportes no volverían a unirse.

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