ASCENSO A SEGUNDA DIVISIÓN

Miño, el héroe del Logroñés: un portero-montañero que convenció a Pep Guardiola

El guardameta de la UD Logroñés salvó a su equipo en la recta final de la prórroga ante el Castellón y fue el héroe en la tanda de penaltis.

Miño, el héroe del Logroñés: un portero-montañero que convenció a Pep Guardiola

Sirva esta pieza como homenaje para miles de riojanos, como nuestro compañero José Ándrés Ezquerro, que vuelven a sentir orgullo por el equipo de su tierra. La gente de Logroño es gente de bien, y muy generosa. Esperemos que el Tato Abadía venda la próxima temporada más quesos que nunca. Y que Pedro tenga la misma suerte con la fruta. Que todos ellos gocen del placer de tener al Logroñés de nuevo en el fútbol español de nuestro país. Al cuarto intento de la Unión Deportiva Logroñés se cumplió el sueño. Logroño, una ciudad con 131.000 habitantes, vuelve a Segunda División. Esta resaca feliz posiblemente no habría sucedido sin lo que hizo anoche en La Rosaleda un hombre de 31 años, que defendía los colores rojiblancos. Rubén Miño. Su historia podría representar lo que es la cara B del fútbol, que encarna la Segunda División B. Una cara diferente. Ni mejor ni peor, pero que reclama también su derecho a sonreír de felicidad. El meta del Logroñés salvó al equipo en la recta final de la prórroga con unos reflejos extraordinarios ante Alcaina. En la tanda de penaltis se erigió el héroe desde los 11 metros. Rubén Díaz disparó alto y Gálvez y César Díaz se toparon con este portero que completó una tanda que habrían firmado el mismísimo Grobbelaar o Jerzy Dudek.

Héroe en Málaga

"Esto es una recompensa a toda una vida dedicada a este trabajo", explicaba ayer el portero de Cornellà en la flash-interview de Footers. Se dice pronto. Toda una vida. Miño llegó a La Masia con tan sólo 11 años. En 2008 se proclamó campeón de la Copa del Rey Juvenil con compañeros como Martín Montoya, Fontàs, Dos Santos, Rochina y Iago Falqué. Luego en el Barça B, a las órdenes de Luis Enrique, coincidió con Pedrito, Nolito, Thiago, Oriol Romeu... Esa proyección la culminó en el primer equipo, a las órdenes de Pep Guardiola, que le dio la alternativa en la ida de la Supercopa de España ante el Sevilla después de hacer caso a las recomendaciones de Unzué y Busquets. Cuenta con dos Champions y un Mundial de Clubes porque era el tercer portero muchas veces tras Valdés y Pinto. Siempre tuvo fama de parapenaltis y reflejos con su 1,90m de estatura. En su palmarés también se refleja la conquista de la Eurocopa Sub-21, del año 2011, en la que ocupó la portería junto a David de Gea. Pero si ese 14 de agosto de 2010 en lugar de perder 3-1 ante el Sevilla hubiera tenido la oportunidad de lucirse en una hipotética tanda de penaltis, tal vez Rubén Miño no tendría que haber esperado casi 10 años para saborear el éxito bajo una portería. Al final la felicidad no era hollar cumbre en un 8.000m azulgrana, sino en, por ejemplo, a 3.404m rojiblancos.

Su pasión por la montaña y las vacaciones furgoneteras-camper con su familia nos traen a un portero alejado del prototipo de futbolista preocupado por exhibir coches, relojes, músculos y peinados a la última moda en Instagram. También el factor portero es un signo característico porque suelen tener mucha más personalidad y rarezas que los jugadores de campo. La rareza de Miño es la de aparentar ser un tipo normal. Una persona que supo esperar su oportunidad para convertirse en una noche en el héroe que siempre soñó, por más que el fútbol le fuera llevando temporada tras temporada a cotas más duras. Del Barça a descender con el Mallorca a Segunda (2012-13); del protagonismo del Mallorca a la irregularidad en el Oviedo (2015-16); del Tartiere a buscar una oportunidad en Chipre, en el  AEK Larnaca (2016-17), para regresar una temporada después (2017-18) a España, al Albacete, para no tener minutos y vivir experiencias desagradables más allá de lo deportivo, como cuando fue, junto a Susaeta, el primero en socorrer a Pelayo Novo cuando tuvo su accidente desde el balcón del hotel de concentración en Zaragoza; de ahí cogió de nuevo las maletas para emigrar al Politehnica Iasi rumano (2018-19) y llegar esta temporada a la Unión Deportiva Logroñés, donde tendrá para siempre las llaves de la calle Laurel y de una ciudad que jamás olvidará su nombre.

Miño, en su época en el Barça con Valdés.

Gracias a sus paradas, los aficionados riojanos olvidarán otros lances del partido ante el Castellón, como el de Petcoff (que tuvo el primer match-ball de la tanda de penaltis, pero que se lo detuvo Álvaro Campos) o el de Siddiki (expulsado en tan sólo seis minutos de juego para dejar a su equipo con 10 con toda una prórroga por delante). Ayer la diosa fortuna sonrió al Logroñés, algo que no había sucedido el año pasado, por ejemplo, a Iván Buigues, el portero que sustituyó al titular frente al Hércules (con la eliminación en segunda ronda del playoff); o en 2015, cuando en aquel minuto 70 de partido en el campo de San Gregorio, y con 0-1 a favor del Logroñés ante el Huracán después del 1-1 de Las Gaunas, el árbitro del encuentro se lesionó (Pulido Santana) y se recurrió, a través de la megafonía, de un colegiado federado, que se encontraba en la grada presenciando el encuentro, para acabar con la remontada del equipo local (2-1), gracias a dos penaltis muy protestados. Pero reducir el éxito de la Unión Deportiva Logroñés al factor suerte o a un único nombre sería una injusticia tremenda. Ahí está el trabajo de Sergio Rodríguez, al que Félix Revuelta, presidente de la entidad, cataloga como el "Molowny del Logroñés". O la experiencia de hombres como César Caneda, un ejemplo de profesionalidad con letras mayúsculas, o Iñaki Sáenz, que ayer cuajó otro partido de diez desde el carril del '3'. O la calidad de futbolistas como Andy Rodríguez, que pasó por La Fábrica de Valdebebas pero sin llegar a tener esa oportunidad con el viento a favor como le pasó a Miño en el Barça. Este año lucen los goles de Ander Vitoria o la calidad de Olaetxea, pero en el pasado quedó el trabajo de técnicos como Carlos Pouso en años anteriores (en donde por ejemplo sobresalieron futbolistas como Sergio Reguilón, actualmente en el Sevilla). Porque esta vez sí, el fútbol entendió de méritos y años de trabajo persiguiendo un sueño. En esta ocasión, la punta del iceberg del éxito se llama Rubén Miño. Pero detrás hay muchísimos nombres en todas las áreas, como por ejemplo el de María Casado, jefa de prensa del club, que facilita entrevistas en lugar de impedirlas. Los penaltis que detuvo Miño permiten lucir un trabajo de años porque en los playoff todos los equipos y sus presidentes se presentan con las mayores aspiraciones (a veces con el deseo de saltar directamente a Primera antes que a Segunda), pero sólo hay cuatro elegidos. Miño permitió que el Logroñés no siguiera recordando historias fatídicas por estos lares de bronce. Ahora sí, volverá a sonar "gol en Las Gaunas" en Carrusel gracias a este portero-montañero.