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Consecuencias del efecto rebote de las dietas: tu salud en peligro

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as.com

Pérdida de fuerza muscular, deshidratación y desequilibrio de electrólitos, sensación de fatiga crónica o, incluso, problemas cardiovasculares, entre los efectos negativos que pueden producirse.

Ponerse a dieta requeire paciencia y constancia, sobre todo las semanas en las que no pierdas peso, e incluso ganes algún kilo. Días frustrantes pero que, sin embargo, pueden llegar a buen puerto si lo que buscas es hacerlo bien y asesorado por profesionales en nutrición.

Eso sí, la sombra del efecto rebote está siempre, especialmente si recurres a las mal llamaas 'dietas milagro'. ¿Qué puede suceder? Desde pérdida de fuerza muscular, deshidratación y desequilibrio de electrólitos, pasando por sensación de fatiga crónica o, incluso, problemas cardiovasculares, son algunos de los efectos negativos que pueden producirse.

No existe el milagro para perder peso

"Para perder peso no existen milagros: la única forma saludable y duradera de hacerlo es de manera paulatina, bajo supervisión de un especialista médico o nutricionista, y combinándolo con ejercicio", afirma la doctora Marta López Tomás, E-Health Medical Manager de Cigna España.

Tras estas dietas se pueden producir carencias nutricionales severas que pueden perjudicar a la salud. "Seguir las mal llamadas dietas ‘milagro’ es una práctica que no solo es perjudicial para la salud, sino que también puede producir un efecto rebote: acabar con más kilos que con los que se empezó la dieta”.

En este sentido, “si queremos sentirnos a gusto con nuestro peso, el camino a seguir será mantener unos hábitos de vida saludables durante todo el año, cuidando de nuestra salud física y mental a largo plazo. Yo recomendaría huir de cualquier tipo de dieta que lleve asociada la palabra ‘exprés’, ‘milagro’ o ‘rápido’, y consultar siempre con un profesional de la salud. Preocuparnos por nuestro peso solo en determinados momentos puede entrañar un riesgo para la salud”, subraya la doctora López Tomás.

Sólo el 37 % de los españoles sigue una dieta de manera estricta

Según el último estudio de la aseguradora de salud Cigna, 360º Wellbeing Survey, actualmente el 35 % de los españoles reconoce que su peso se sitúa en los niveles óptimos. Sin embargo, tal y como reflejan los datos, únicamente el 37 % de los españoles afirma seguir a rajatabla una dieta equilibrada y saludable, entendiendo ésta como aquella que aporta toda la energía y los nutrientes necesarios para el funcionamiento óptimo del organismo.

En lo que respecta al ejercicio, sólo el 38 % testifica hacerlo de forma regular, sin excepciones. Una cifra que, sin embargo, nos diferencia de países como Alemania, Francia o Reino Unido, con un 24 %, 27 % y 29 %, respectivamente.

El estrés y el descanso también influyen en la pérdida de peso

A la hora cuidar el peso, no sólo es importante contar con un plan de nutrición adecuado y hacer ejercicio de forma regular: también es importante descansar bien y saber cómo manejar adecuadamente los niveles de estrés. El cuerpo necesita reponerse de todo lo que hace durante el día, y más si se somete a situaciones donde se gasta una gran cantidad de energía.

Cuando no existe un descanso adecuado, se ve afectado nuestro sistema hormonal y esto se traduce en un mayor apetito y una bajada de energía considerable. Si duermes menos, al día siguiente comes más. Lo ideal es dormir entre siete y ocho horas diarias. 

Comer por ansiedad: ¡cuidado!

Además, gestionar bien el estrés juega un papel clave en el mantenimiento de un peso adecuado. Comer es una conducta que libera numerosos neurotransmisores, como la dopamina, asociada a los estados de bienestar. En aquellos casos en donde el estado de ánimo ejerce una fuerte influencia en la alimentación, es posible que al sentir ansiedad se terminen por elegir alimentos poco saludables, o que se coma de manera compulsiva.

Al vivir picos de estrés se acabe por comer de manera poco adecuada, dado que no se come por hambre, si no para satisfacer la necesidad emocional de sentirse bien. En el caso de seguir una dieta excesivamente restrictiva este riesgo es doble, ya que a esta ‘hambre emocional’ se suma el aumento del deseo de consumir esos alimentos, precisamente por haber restringido su consumo de manera drástica.