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Drummond: números históricos en unos Pistons que no carburan

Inicio de récord para un jugador que lleva años liderando a unos Pistons que no terminan de carburar en una Liga donde los pívots tradicionales no tienen tanta incidencia como antaño.

Andre Drummond, ante dos rivales durante un partido de los Detroit Pistons
Gregory Shamus AFP

Pasa mejor, rebotea más, anota bastante, progresa en defensa y lidera en pista. Son los nuevos atributos de Andre Drummond, que está haciendo números de récord en este inicio de campaña en la que los Pistons, como viene siendo habitual en la última década, no terminan de carburar. Récord de 4-5 en los primeros nueve partidos, algo engañoso sin la presencia de Blake Griffin pero que no deja de ser preocupante dentro de una franquicia que no levanta cabeza desde que en 2008 llegaran a sus sextas finales de Conferencia consecutivas con esa última versión de los Bad Boys 2.0 con hombres como Rasheed Wallace, Chaucey Billups y compañía.

Eso sí, los Pistons tienen algo que celebrar y es el buen baloncesto que está cuajando su líder de los últimos años, Drummond. En su octava temporada en la NBA, el pívot sigue intentando reinventarse y añadir armas a su arsenal para poder, por fin, trasladar sus increíbles estadísticas al juego del equipo. Es lo que siempre se ha criticado de él, un hombre capaz de lo mejor en cuanto a números pero que no ha terminado de hacer cuajar a unas plantillas que, todo hay que decirlo, tampoco han funcionado como se preveía en un inicio.

En su primera temporada en la NBA (2012-13) Drummond promedió 7,9 puntos y 7,6 rebotes en 60 partidos, 10 de ellos como titular. Desde entonces, sus números nunca han bajado de los 13 tantos y 13 rechaces por duelo. 13+13 en la 2013-14 y en la 2014-15 y explosión al año siguiente, donde se fue a 16+15 con Stan Van Gundy en el equipo, que había llegado el año anterior para aceptar su último trabajo como entrenador y con un contrato por cinco temporadas que le permitiría además tener poder de decisión sobre las decisiones que tomara la franquicia al ser nombrado Presidente de Operaciones.

El tope llegó en la 2015-16, esa en que Drummond demostró hasta donde podía llegar. Los Pistons alcanzaron playoffs por primera vez desde 2009 y se desmoronaron en los cursos siguientes, donde cuajaban inicios y finales de campaña bastante aceptables pero se sumían en una vorágine de malos resultados durante la parte intermedia que les descolgaban de unos playoffs que en el Este deberían haber alcanzado.

Nada salió bien con Van Gundy. Llegaba con un buen currículum tras entrenar a los Heat y, sobre todo, a los Magic de Dwight Howard, con los que alcanzó las Finales en 2009, pero intentó que Drummond intentara jugar igual que el hoy jugador de los Lakers y no lo consiguió. Van Gundy, un gran conocedor del juego y para nada un mal entrenador, salió por la puerta de atrás de los Pistons tras intentar combinar los despachos con las pistas, algo que no ha acarreado muy buenos resultados en los últimos tiempos en la Liga. Dejó una buena base en hombres como Drummond, pero falló estrepitosamente (y esto es innegable) en la reconstrucción de unos Pistons que jugaron la fase final una vez en cuatro temporadas.

Entre medias, Drummond seguía mejorando. Volvió al 13+12 en la 2016-17, pero en la última campaña de Van Gundy se fue a los 15 puntos y 16 rebotes por encuentro. Era la primera vez que alguien se iba a más de 16 rechaces por duelo desde Dennis Rodman en la 1996-96 (16,1), algo digno de mencionar y que no lograron otros expertos en la materia como Ben Wallace, Dikembe Mutombo o el propio Howard. 

Más armas al repertorio con el mismo resultado

La llegada de Dwayne Casey daba una nueva perspectiva a los Pistons. El técnico necesitaba demostrar su valía tras salir por la puerta de atrás de los Raptors después de conseguir el récord de victorias de la franquicia. Su nueva plantilla, un soplo de aire fresco tras el estancamiento de un proyecto que prometía mucho pero, hasta ese momento, había dado poco.

Ni siquiera con Blake Griffin, que había llegado al final de la última temporada de Van Gundy, pudieron dar un salto grande hacia delante, aunque las sensaciones en la conclusión del curso eran positivas cuanto menos. 41-41, dos victorias más que el año anterior y clasificación para los playoffs, donde fueron barridos en primera ronda ante los Bucks a una serie en la que Griffin llegó lesionado e hizo el esfuerzo para disputar los dos últimos encuentros sin suerte.

Decimos que las sensaciones fueron positivas por varios motivos. Para empezar, alcanzar los playoffs por segunda vez en una década es importante, pero si además lo haces tras un cambio de entrenador y en la primera campaña de éste es más todavía. Pero también es importante ver como Griffin y Drummond se supieron compenetrar haciendo el primero una de las mejores temporadas de su carrera (24,5+7,5+5,4) sin estorbar al segundo, que anotó más que nunca (17,3) y reboteó de nuevo de una manera espectacular (15,6, líder de la NBA por tercera vez en su carrera). 

Esta campaña, sin Griffin en el inicio de Liga, ha desarrollado todo su potencial y ha mejorado en armas en las que ya venía prestando más atención en el pasado. El pívot ha aumentado su movilidad y le hemos visto incluso subir el balón. También pasa mejor que nunca, algo que se nota más sin Griffin, un hombre al que también le gusta asistir, en pista. En este inicio Drummond está en 3 asistencias por partido, ha repartido al menos un pase que ha acabado en canasta en todos los duelos disputados y le hemos visto incluso ponerse en la cabeza de la bombilla para ordenar jugadas a sus compañeros y repartir juego, algo inimaginable hace unas temporadas.

La cifra en los rebotes se ha multiplicado, algo ya difícil de por sí siendo esta la faceta más desarrollada de su carrera: 18,6 en recordemos, solo 9 encuentros (lo normal es que el promedio baje) con 5 partidos por encima de los 20 rebotes, cuatro de ellos consecutivos de los cuales los tres primeros fueron 20+20. Se convirtió en el vigésimo jugador de la historia en conseguir este tipo de cifras e hizo 25 puntos, 20 rebotes, 6 asistencias, 3 robos y 5 tapones en la victoria de los suyos ante los Nets quedándose a solo 2 robos de un 5 por 5 (una cifra de cinco o más en las cinco principales categorías estadísticas) y firmando unos números nunca vistos desde Hakeem Olajunow en 1989.

Pero sobre todo, el pívot ha mejorado en intimidación. Promedia más de 2 tapones por partido y casi los mismos robos y le hemos visto protegiendo el aro de una manera distinta a la que hacía antaño. Ahora los rivales se lo piensan dos veces antes de penetrar y hemos visto como la solidez del center en esta parte de la pista ha aumentado. No en vano, uno de los problemas que tenía era que su producción no se ajustaba a la realidad y que atrapaba muchos rebotes pero no era un gran defensor. Eso ha cambiado y, de momento, Drummond está consiguiendo ser más sólido debajo del tablero no solo en el rebote, también en la defensa.

Y todo esto sin triples, una faceta que también trata de mejorar. Nunca ha sido un gran tirador, pero se le ha visto practicar mucho en verano y cada vez se atreve más desde el exterior, aunque sin suerte esta campaña. 5 intentos y ningún acierto de momento. Eso sí, produce cada vez más en anotación y ya sabe lo que es anotar desde fuera. Si añade esta arma a su repertorio puede ser realmente terrible. De momento, le siguen flotando y desde donde no tira es de media distancia. La zona de confort del pívot sigue estando debajo de la canasta, eso no cabe duda.

¿Hasta dónde pueden llegar los Pistons?

En teoría, no muy lejos. Lo suyo sería que llegaran a playoffs un nuevo año, pero el Este ha aumentado el nivel y pasar una ronda sería realmente complicado. Lo bueno para ellos es que Griffin ha recibido el alta y ya se ha demostrado que hace buena pareja con el pívot. Lo único que habrá que ver es si Drummond seguirá desarrollando el juego que ha asumido hasta ahora o volverá al del año pasado, más lento y centrado, sobre todo en ataque, en ayudar a su pareja interior. Sobre todo en cuanto a la velocidad de juego; el aumento de la movilidad del center ha permitido a los de Casey tener un pace de 100,5, el mayor desde 1986-87 y habrá que ver si siguen así o buscan otro método. También tendrá que volver Derick Rose, que estaba en casi 21 puntos y 6 asistencias antes de su ausencia en los tres últimos duelos. Buena noticia para ellos.

Los Pistons tienen margen de mejora y Casey es un buen entrenador que saca lo mejor de los suyos en la regular season (o tanto en playoffs). No han tenido el comienzo fulgurante de otras campañas y eso puede ser beneficioso para ellos. La temporada es larga y hay que producir hasta abril sin bajones, y si en Detroit encuentran esa regularidad que tanto buscan pueden asentarse en playoffs. No hay rastro de los Bad Boys, pero tienen margen de mejora. Igual que Drummond, que sigue con números de récord. Si por fin consigue trasladarlos al juego del equipo habrá dado un gran paso que los Pistons podrán aprovechar. De momento, viene Griffin. Ya veremos como acaba la historia.