FINALES NBA | GOLDEN STATE WARRIORS

Ajedrez, Yoda... Klay Thompson, la esencia de los Warriors

Klay Thompson antes de un partido de las Finales contra los Cleveland Cavaliers.

Kelley L Cox

USA TODAY Sports

Steve Kerr dice que quiere ser como él. Klay es una estrella en China, donde su perro Rocco tiene su propia línea deportiva. Y es, claro, uno de los mejores tiradores de la historia.

Cleveland

Después de sus imperdonables errores en el partido que abrió las Finales 2018, los Cavaliers fueron manifiestamente inferiores a los Warriors durante casi todo el segundo, pero aceleraron con furia en el tercer cuarto y se dieron una oportunidad de llegar vivos al último, donde la muñeca de Stephen Curry les meció hasta el sueño final. Mediado ese tercer parcial, LeBron falló un triple que habría puesto a su equipo a cinco puntos. Klay Thompson cogió el rebote y menos de seis segundos después había anotado un triple (para el 72-61), llegando a la carrera en transición y sin mirar atrás. Un tiro que para cualquier otro sería un acceso de locura pero que es una jugada natural para uno de los ejecutores más fríos y precisos de la historia de la NBA. No ha habido muchos jugadores con rachas de tiro tan capaces de partir en dos la resistencia anímica de un rival. No ha habido muchas conexiones tan sinérgicas como la que une la muñeca de Klay con la grada del Oracle Arena. Y sin embargo, y pese a que no hemos visto a casi ninguno como él, no es en su propio equipo ni el jugador que más indefenso hace sentirse al contrario ni el que más capacidad tiene para hacer que su público entre en trance. Y todo porque juega con Stephen Curry.

Klay acabó ese segundo partido con 20 puntos y 5 triples. Y suma en los dos primeros de las Finales 44, por encima del 55% y con un 8/18 desde la línea de tres. Pero ese triple en carrera, o los dos de la prórroga en el primer partido, cuentan solo una parte de la historia, esta vez ni siquiera la más importante. En el primer cuarto de esta Final, JR Smith resbaló y estrelló su cuerpo contra la pierna de Klay Thompson, que evitó una lesión de extrema gravedad, volvió al partido… y dos días después, en vísperas del segundo, no podía caminar. La sensación (no el diagnóstico real) era de esguince. Él mismo solo se comprometió a “intentar jugar” y el staff técnico de los Warriors, que seguían además sin Andre Iguodala, preparaba un plan de juego alternativo mientras Draymond Green mandaba mensajes a Nick Young avisándole de que le iba a tocar dar un paso al frente. Pero Klay jugó. Según él porque conservó su energía y apenas caminó hasta casi el salto inicial. Según Bob Myers, general manager de la franquicia, porque es un jugador capaz de poner su mente por encima de su cuerpo” y se convenció –literalmente- a sí mismo de que iba a jugar. Y jugó, conviene no olvidarse de ella, por el excepcional trabajo de Chelsea Lane, jefa de los preparadores físicos del campeón de la NBA y responsable también de que en estas Finales no quede ni rastro de las últimas lesiones de Curry (tobillo, rodilla…).

Klay Thompson, tras la lesión del primer partido de las Finales contra los Cleveland Cavaliers.

Después del segundo partido Draymond Green, al que se suele asociar con la coraza más ruda de los generalmente luminosos Warriors, dijo que no había jugado con nadie tan duro como Klay, que acababa de disputar (sobre un pie, prácticamente) su partido 100 sobre 100 posibles en playoffs, a los que suma 537 de 558 en Regular Season, desde que fue número 11 del draft de 2011. Exactamente un 23 de junio se plantó la semilla de los Splash Brothers, la pareja que forma con Curry y que anotó 678 triples en el año de las 73 victorias (2015-16), después de que otras franquicias prefirieran elegir en aquel draft a Bismack Biyombo, Jan Vesely, Brandon Knight, Enes Kanter Tristan Thompson, Jimmer Fredette…

El tiro de Klay Thompson

Cuando Klay va a tirar un triple, una de las mecánicas más perfectas y mortíferas de la historia del baloncesto, replica en décimas de segundo un proceso en el que piensa en agua que asciende por su cuerpo desde los dedos de los pies hasta las puntas de los de las manos y después acompaña el lanzamiento con un movimiento de los brazos con el que simula que los estira y mete la mano en un tarro de galletas situado por encima de su cabeza. Es su forma de evitar mover instintivamente la mano hacia adentro cuando acumula cansancio según va sumando tiros. Esa ejecución firma por ahora 1.557 triples en Regular Season, ya vigésimo cuarto en la historia (Curry es séptimo con 2.129, Ray Allen todavía líder con 2.973). Esa ejecución le ha permitido anotar en un partido 60 puntos en menos de 30 minutos y teniendo la bola en sus manos un total de 90 segundos. Marcas nunca vistas, como sus 37 puntos en un cuarto (el tercero ante lo Kings, el 23 de enero de 2015) en el que anotó 13 tiros sin fallo, incluidos 9 triples (52 puntos totales). Y le ha convertido en el jugador más importante de uno de los mejores equipos de siempre en algunas de sus noches más difíciles: en la final del Oeste de 2016, en Oklahoma City y con 3-2 para los Thunder, anotó 41 puntos y 11 triples, algunos sencillamente incomprensibles. Este año, en la misma ronda y con 3-2 para los Rockets (esta vez en el Oracle) se fue a 35 y 9 triples. Son las dos mejores marcas en un partido de playoffs. Solo él ha metido 11 (fue 11/18), con 9 le acompañan Ray Allen, Jason Terry, Rex Chapman, Vince Carter y Stephen Curry, que se los acaba de meter a los Cavs en el segundo partido de esta Final.

Klay Thompson ya era un tirador temible en Washington State, donde jugó tres años sin apurar su salto a la NBA. Pero a base de trabajo se ha convertido además en uno de los mejores defensores exteriores de la NBA, un formato de perro de presa sobre el balón que hará, con su capacidad de bombardeo al otro lado, que se vaya a retirar seguramente como uno de los mejores escoltas de siempre: ahora mismo suma dos anillos, está a dos triunfos del tercero y ha sido cuatro veces all star, campeón olímpico y del mundo. Las dinámicas de los Warriors, un proyecto que es una Estrella de la Muerte en formato baloncesto, hacen que las jerarquías del equipo le sitúen por detrás de Stephen Curry, Kevin Durant y seguramente Draymond Green. Y eso, su capacidad para vivir lejos de cualquier ansia de protagonismo o necesidad de reivindicación individual, le convierte en el jugador perfecto para la sostenibilidad de un equipo que quiere llegar unido al traslado a San Francisco en el otoño de 2019: Klay, si no cuajan unas negociaciones de las que ya se habla, habrá acabado contrato (menos de 19 millones la próxima temporada) ese verano y se dispondrá a llevarse un jugoso (y merecido) aumento.

Monopatín, surf, ajedrez y su perro Rocco

A Klay sus íntimos le llaman Killa Klay (de killer Klay) y las redes China Klay porque en ese país libera una faceta de estrella contracultural que apenas muestra en EE UU. Es la imagen de Anta, la casa asiática de zapatillas que le firmó en 2013 y le renovó en 2016 para diez años y por unos 80 millones de dólares totales. Allí, en China, donde su fama es descomunal gracias a sus veraniegas visitas promocionales, le llaman El Electricista por su capacidad para electrificar las gradas con sus ráfagas de triples. El Klay de la calle, el de fuera de las pistas, es un personaje fascinante que vuelca después en el jugador impasible pero temible como competidor y duro como una roca. Sencillo, alejado de los grande titulares y enamorado del estilo de vida californiano: apasionado del monopatín (su contrato NBA le impide subirse a él), del surf, del ajedrez (cuenta el Wall Street Journal que colecciona tableros y viaja con uno magnético en las giras del equipo porque lo prefiere a jugar en Apps), y los perros: Anta hizo una línea especial para su bulldog, Rocco, y aquel partido histórico de los once triples ante los Thunder lo jugó con dedicatoria para el perro de un amigo, que acababa de morir: “esta va por Tyson”, le escribió antes de un choque que jugó con calcetines del Maestro Yoda debajo de los de los Warriors para “canalizar sus poderes Yedi”.

Su madre fue jugadora de voleibol, su hermano Mychel lo intentó en la NBA (jugó cinco partidos precisamente con los Cavaliers), su hermano Trayce está enrolado en los White Sox (MLB). Y su padre, claro, es Mychal Thompson, dos veces campeón con los Lakers del Showtime (1987 y 88), donde ponía el pegamento, después de ser en 1978 (Trail Blazers) el primer número 1 del draft nacido fuera de EE UU (Bahamas). Genes de deportista y un carácter único: Steve Kerr ha llegado a decir que su objetivo en la vida es “ser como Klay y Bob Myers suele contar que cuando le entrevistó antes de draftearlo le preguntó por sus hobbies y la respuesta fue “meter canastas”.

Antes del tercer partido de esta edición de 2018, él y Curry llevan más triples en Finales (148) que el total de los que se anotaron (todos los jugadores, todos los equipos) en todas las de ochenta. En estos playoffs lleva 63 con un tremendo 54,3%. En la Regular Season metió 229 con un 44%, el mejor porcentaje de su carrera. Y sumó solo once mates, lo que le hizo perder (13 a 11) la apuesta sobre quién hacía más con Zaza Pachulia. Uno de los mejores tiradores de siempre pero un obrero que va al límite en defensa. Un jugador que aparece cuando hace falta y su sumerge detrás de los focos el resto del tiempo. Un compañero de vestuario perfecto y, según parece, también un competidor capaz de convencerse a sí mismo de que puede jugar lesionado. En definitiva, un jugador esencial para comprender la forja y las dinámicas de uno de los mejores equipos de la historia: Strenght In Numbers, Splash Brothers, Killa Klay: Golden State Warriors.

De padre a hijo: Dell Curry, Stephen Curry, Klay Thompson y Mychal Thompson.

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