El tenis estadounidense naufraga en la tierra madrileña
A pesar de tener 16 jugadores en el top-100 mundial, ni uno solo queda en pie en el cuadro masculino de un país que cada vez apuesta menos por la tierra batida.


A lo largo de la historia del tenis, no ha habido una potencia mayor que Estados Unidos, una factoría inacabable de talento. En la actualidad, el país norteamericano cuenta con 16 representantes en el top-100 del ranking ATP, más que ninguna otra nación, y, aunque ninguno de ellos es una estrella clara, raro es el torneo en el que no hay alguien que sobresalga, por poco que sea. No ha sucedido, sin embargo, en el Masters 1.000 de Madrid, en el que, cuando el evento comienza su segunda semana y el cuadro masculino ni siquiera ha completado su tercera ronda, ya no quedan estadounidenses en liza. Se les atraganta la tierra batida madrileña a los yanquis, que jamás han tenido a un jugador en la final y que, en general, cada vez apuestan menos por esta superficie.
La tendencia en Estados Unidos en lo que va de siglo es clara, y es que sus tenistas cada vez están más orientados hacia la pista dura. No hay un campeón estadounidense en Roland Garros desde que Andre Agassi lo consiguiese en 1999, y una década antes, en 1989, fue Michael Chang quien puso final a una sequía de 54 años sin triunfos en París. Entre medias, Jim Courier venció en 1991 y 1992, y hasta ahí se leen los éxitos del país en el Grand Slam francés. “Cuando yo llegué a Estados Unidos no había una pista de tierra batida”, explicaba a Punto de Break en una entrevista José Higueras, que lleva 40 años instalado en América del Norte y que ha trabajado para la USTA y formado a varios jugadores de la nueva generación.
En Madrid, curiosamente, el último representante estadounidense que quedó en pie era Emilio Nava, 116º del mundo, que era el único de su país que en febrero apostó por hacer la gira de tierra por Sudamérica. Cayó este domingo contra Arthur Fils en tercera ronda (7-6 (2) y 6-3 en 1h30), y de los 12 norteamericanos que iniciaron el cuadro final del Madrid Open, ya no queda uno solo con vida. El balance de los hombres de Estados Unidos este año en la Caja Mágica es de un pobre 4-12, con ninguno de ellos sumando más de dos triunfos. Los principales referentes, Ben Shelton, octavo del ranking mundial y campeón la pasada semana en Múnich, y Tommy Paul, 18º y el mayor especialista en tierra de esta camada, se despidieron a las primeras de cambio al perder contra Dino Prizmic y Thiago Agustín Tirante, respectivamente.
Learner Tien, 21º a sus 20 años, tampoco pasó de su estreno contra el paraguayo Daniel Vallejo, y su evolución en tierra muestra la tendencia estadounidense: su registro en torneos ATP en esta superficie es de un más que duro 2-8, todo desde marzo del año pasado. Juegan poco y mal sobre polvo de ladrillo. Otros como Taylor Fritz, séptimo del ranking, Frances Tiafoe, 19º, o Sebastian Korda, 40º, optaron por directamente saltarse el torneo, y no es que sea por las particulares condiciones de Madrid: estos seis tenistas estadounidenses mencionados en las líneas previas tampoco acudieron al Masters 1.000 de Montecarlo. Se salvan las chicas, con cuatro representantes en los octavos de final de la Caja Mágica y una Coco Gauff que es la vigente campeona de Roland Garros, la segunda de su país que lo logra en este siglo después de los tres títulos de Serena Williams.
La falta de pistas de tierra batida de calidad en Estados Unidos, donde además el material es distinto, ya que suele ser verde en lugar de rojiza, es lógicamente el principal causante de este problema, y varias voces autorizadas han hablado al respecto del asunto. “Muchos niños americanos crecen en pistas duras. Simplemente no aprenden a deslizar, a construir puntos y a defender en tierra. Realmente se resume en dónde creces. En Estados Unidos no hay mucha tierra”, dijo en su día Patrick McEnroe, hermano de John, también exjugador y antiguo capitán de Copa Davis. “En tierra batida tienes que sufrir, y los norteamericanos no crecen aprendiendo a sufrir en una pista de tenis”, contó Agassi.
Otros señalan también a la forma de juego más característica de los estadounidenses, que habitualmente apuestan por una pegada plana. “La tierra batida expone el movimiento, la paciencia y la construcción del punto. Cosas que los norteamericanos tradicionalmente no han priorizado. No puedes simplemente pegarle plano y abusar de la gente en tierra batida. Esa superficie no lo recompensa”, explicó Andy Roddick, ex número uno del mundo, pero cuyo balance en Roland Garros fue de apenas 9-10, con una única presencia en octavos de final. “La tierra batida requiere paciencia y disciplina, y el tenis estadounidense históricamente ha apostado por la agresividad y los puntos rápidos”, añadió Jim Courier. “La tierra fue definitivamente mi peor superficie. Neutralizaba mi saque y me forzaba a largos intercambios. No crecí en tierra, así que siempre fue un desafío para mí”, resumió a la perfección el cañonero John Isner sobre un problema que, de momento, no tiene solución en Estados Unidos, que tiene una tierra maldita.
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