Opinión

Se acaban las excusas

El vestuario no es capaz de mostrar argumentos para pensar en que la temporada todavía se puede salvar en cuanto a la conquista de títulos.

28/01/26 PARTIDO UEFA CHAMPIONS LEAGUE BENFICA REAL MADRID
MBAPPE
JAVIER GANDUL
José Félix Díaz
Actualizado a

El Real Madrid ya sabe de primera mano lo que es la épica ajena, esa que, en el minuto noventa y tantos y en el escenario del éxito que cambió el presente —que empieza a ser pretérito— del equipo blanco, sirve para celebrar un triunfo que llega de la mano de la lucha y la honestidad hacia el escudo que luce cualquier camiseta de fútbol hasta el último minuto del partido que se precie, tal y como hizo el Benfica. Esa leyenda de la cual el Real Madrid es un vivo ejemplo (no lo olviden), pero que en cada partido de la presente temporada se pone en duda por lo que muestran sus futbolistas.

Esta vez la euforia fue ajena, del rival. El Benfica llegaba tocado, pero supo ejercer de lo que es el Real Madrid en esta competición. Mourinho se reivindicó ante su público, es decir, la afición del Benfica y la del equipo blanco, esa que se acuerda de Mourinho cuando las cosas van mal por el Bernabéu. El maestro derrotó al alumno, pero también a unos jugadores que ahora mismo no están demostrando capacidad anímica ni futbolística para competir al nivel y con la constancia y consistencia que exige el Real Madrid.

Europa lanza el segundo aviso al demostrado rey de la Champions. Si en la pasada campaña tuvo que acudir a la repesca para dejarse ver entre los 16 mejores de Europa, ahora repite idéntico paso por el purgatorio. Y no siempre el culpable es el entrenador. El vestuario, el mismo que Ancelotti hace un año sacó los colores con vídeos que mostraban la actitud de casi todos sobre el césped, no es capaz de mostrar argumentos para pensar en que la temporada todavía se puede salvar en cuanto a la conquista de títulos. Hay tiempo, pero la realidad parece negarlo.

Las comparaciones son odiosas por aquello del historial de cada uno, pero ahora es Arbeloa, como antes Xabi Alonso o Carlo Ancelotti, el culpable de todo. No lo creo. Valverde dijo al término del sufrimiento madridista en Lisboa —quién lo iba a decir después de la dulce previa del partido vivida ante tanto recuerdo— que los culpables eran ellos, los jugadores.

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El madridismo agradece semejante valentía, pero más todavía que se traduzca en algo más de lo que enseñan sobre el césped, o igual habrá que pensar que los que están en el banquillo no son los responsables de todo y sí los que visten de corto. Está en sus manos, o mejor dicho en su cabeza, porque, como el valor en la antigua mili, la calidad se les supone. Ya no vale ni el consuelo de que el vecino rojiblanco está peor o igual de mal, porque lo hecho ante el Bodo retrata a muchos por el Metropolitano, empezando por Simeone.

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