Opinión

La reaparición de Infantino

Muchos nos preguntamos dónde estaba Gianni Infantino y qué tenía que decir cuando los Estados Unidos lanzaron su ataque sobre Venezuela.

Trump e Infantino.
Amber Searls
Axel Torres
Actualizado a

Transcurrió poco tiempo entre la entrega del Premio FIFA de la Paz a Donald Trump y la confirmación de la deriva más imperialista de la administración norteamericana. Muchos nos preguntamos dónde estaba Gianni Infantino y qué tenía que decir cuando los Estados Unidos lanzaron su ataque sobre Venezuela –criticado incluso por figuras tan representativas de la derecha como Marine Le Pen y José María Aznar– y expresaron sin reservas su intención de adueñarse de Groenlandia. Pero el presidente de la FIFA, tan peligrosamente cercano al gobierno del país que va asumir la mayor parte de la organización del próximo Mundial, no se pronunció. Hay quien dirá que no le corresponde a una autoridad futbolística expresarse políticamente, pero había sido él mismo, sin que nadie se lo pidiese, el que había decidido entrar en ese juego. A cinco meses del inicio de la gran cita, resulta inquietante pensar que el campeonato puede convertirse en una especie de celebración de las bondades de un mandatario que está dinamitando la legalidad internacional.

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Infantino reapareció para censurar el comportamiento de Senegal en la final de la Copa África en una nueva demostración de que sus lealtades están estrechamente relacionadas con la identidad de los países que van a organizar los próximos Mundiales. Es cierto que un parón de quince minutos entre la señalización de un penalti y su lanzamiento puede tener un efecto en el resultado de su ejecución. Estoy de acuerdo en que, por muy polémico que fuese el arbitraje, no se puede dejar de sancionar al equipo que amaga con retirarse y provoca una pausa tan prolongada –porque si no se castiga estaríamos creando un precedente peligroso–. Pero llama la atención que el presidente de la FIFA sólo se refiriera a este capítulo y no a los muchos que denunció Senegal y que afectaron a su preparación del partido. Son casos muy diferentes, pero la sensación es que tanto en el asunto de Trump como en el de Marruecos lo que quiere es complacer a los mandamases de los lugares en los que va a celebrar su fiesta.

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