La mesa en la que se sienta LaLiga
No es que LaLiga sea ahora una mala competición, ni mucho menos, es otra cosa.

La derrota ante el Copenhague dejó definitivamente al Villarreal sin opciones de alcanzar las eliminatorias de la Champions el pasado miércoles. Ha ocurrido con el Villarreal esta temporada y ocurrió la pasada con el Girona (solo tres puntos en ocho jornadas): Como un espejo alterado, los dos equipos se transformaron en Champions devolviendo un reflejo extraño, desvirtuado, casi irreconocible.
En LaLiga, sin embargo, el reflejo es extraordinario. En LaLiga, el Villarreal es tercero en la clasificación, con once victorias. Pero, en Champions, los de Marcelino solo han logrado un punto en seis jornadas. ¿Eso habla mal del rendimiento del Villarreal en Europa o habla mal del nivel de LaLiga? ¿Nos seguimos sentando en la mesa de la Serie A o la Ligue 1, por ejemplo?
Evaluar la competitividad relativa es algo dificilísimo porque influyen muchas variables como lesiones, calendario, efectividad, rendimiento de algunos jugadores concretos o incluso la presión mental, pero lo cierto es que algunos clubes de la LaLiga respiran los últimos años con mascarilla, también los de posiciones altas, mientras otras consiguen oxigenarse sin problema.
Cuando Mbappé se marchó del PSG reinó en París una sensación de falibilidad que nunca llegó a consumarse porque había plantilla de sobra. La Premier se gastó más dinero en el mercado de fichajes el pasado verano que la LaLiga, la Serie A, la Bundesliga y la Ligue 1 juntas. Si le preguntas a un inglés sobre la prevalencia de la Premier sobre la Champions probablemente ni siquiera dude en confirmarla. Los acuerdos televisivos, las enormes cifras de asistencia a los estadios y el potencial de marketing llevan años combinándose magistralmente para convertir a la Premier en la competición más rica del mundo. Y, en ese sentido, la gran diferencia entre los clubes ingleses sobre los italianos o españoles no está en los jugadores locales, sino en la calidad de los importados.
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No es que LaLiga sea ahora mismo una mala competición, ni mucho menos, es otra cosa, como un volante desprendido de sus engranajes habituales. Quizá toque que los aficionados redimensionemos también nuestras expectativas.
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