Opinión

Invierno, mercado de dos velocidades

El asunto es solo un spin off de la cuestión fundamental: quién tiene la última palabra en los fichajes.

Imagen en la que se ve a Alemany y Simeone, y en medio, de espaldas, Gustavo López.
Luis Nieto
Director adjunto. Licenciado en CC de la Información por la U. Complutense y máster en Transformación Digital y Estratégica (EOI), inició su carrera en el Diario Ya. Trabajó El Independiente y Diario 16. Llegó a AS en 1996. Ha ejercido las funciones de jefe de fútbol, redactor jefe, subdirector, director de la página web y director de Información.
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Las bajas. El Atlético ha perdido cuatro futbolistas en el mercado de enero, todos en diferentes circunstancias. Carlos Martín necesitaba fuera los minutos que no tenía en casa. Javi Galán vivía muy en el fondo del armario. Y Gallagher y Raspadori, fichajes recientes, no resultaron como se esperaba y su venta estaba bien pagada. Dos suplentes con buena salida, en definitiva. En las decisiones todos estuvieron de acuerdo. Pero a partir de ahí se entró en un conflicto recurrente y no exclusivo del Atlético. El entrenador exige refuerzos inmediatos, porque la competición no le espera, pero el club necesita apurar para que se enfríen el mercado y los precios.

La soberanía del fichaje. Estamos ante dos velocidades de difícil convivencia y no es un fenómeno nuevo. Se repite dos veces año, aunque en verano resulta menos traumático porque se juega con la red de una temporada por delante y de una segunda ventana para corregir. Ahora no existe ese margen. El Atlético se juega ante el Betis un partido crucial de Copa, la competición más a su alcance, y Simeone suplica un periodo de adaptación del que no dispondrá si el club apura hasta el mismo lunes en busca de un mejor precio. El asunto es solo un spin off de la cuestión fundamental: quién tiene la última palabra en los fichajes.

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Los errores. Valen las dos teorías, aunque la más extendida es que manda el club, porque los entrenadores pasan y los futbolistas quedan. El Madrid lo lleva a rajatabla. Su mercado se ciñe a jugadores por madurar en juego y precio y a libres con pedigrí. No siempre es un acierto. Cuando Benzema dejó el Madrid, Ancelotti pidió a Kane, pero al club le pareció imprudente pagar 100 millones por un futbolista de 30 años, que acabó en el Bayern, donde en dos años y medio ha anotado 129 goles. Una decisión edadista y discutible. También abundan en sentido inverso, de Baljic a Chygrynskiy, caprichos de técnicos que solo dejaron agujeros en los balances.

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