Bajón de juego y ánimo
Si encima los atacantes no están acertados definiendo sus ocasiones, pues te la pegas con cualquiera.


Mientras se repite como un mantra que el único equipo capaz de remontar ante el Bayern en Múnich es el Real Madrid, hay que dejar constancia de lo sucedido la última semana, y no es otra cosa que un bajón de juego que cortó la racha de cinco triunfos seguidos y la cambió por dos derrotas y un empate. La mejoría general durante el mes de marzo se difuminó en abril y ante el Girona, dejando al margen el frenopático arbitral, volvimos a ver la función habitual de los últimos tiempos: un equipo que no controla el partido, que concede mucho atrás y que en ataque depende demasiado de las acciones individuales de sus delanteros.
Si encima los atacantes no están acertados definiendo sus ocasiones, pues te la pegas con cualquiera. Mbappé, que volvió a la titularidad en los últimos tres partidos y los jugó completos, no ha sido el killer del inicio de temporada. Se le ha visto algo lento en las definiciones, como si no estuviera en ese punto óptimo de forma que necesita para marcar diferencias. También parece enfurruñado, sobre todo cuando hay algún runrún en la grada por sus fallos o sus licencias defensivas. Vinicius, que en ausencia del francés reverdece y se había parecido al jugador decisivo de años anteriores, se ha vuelto otra vez mustio. Es evidente que Arbeloa tampoco ha encontrado la fórmula para que compaginen bien.
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Y, como muchos temían, han vuelto también las dudas en el centro del campo. Regresa Bellingham, sale Thiago Pitarch, Güler pierde galones, Camavinga sigue mal… La final de Múnich no pinta bien para el Real Madrid, tras lo visto últimamente. A rezar.
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