Ante un Madrid-Barça en Arabia Saudí

Mourinho dejó dos buenos legados de su paso por el Madrid: Modric, que ahí sigue, jugando cada día mejor, y su definición de la Supercopa: “Más que un torneo de pretemporada y menos que un torneo oficial”. Así lo sigo viendo yo aun en este nuevo formato, más amplio, con los dos campeones y los dos subcampeones nacionales, y en fechas distintas a las de años atrás. Me ha parecido un acierto. Convierte aquella ida y vuelta en agosto, con fechas difíciles de encajar, en algo más macizo y estable. Sé que a no todo el mundo le gusta, en especial por el escenario elegido, Arabia Saudí, país tan rico como poco ejemplar en tantas cosas.

Pero es un país con el que tenemos relaciones de todo tipo, incluso les hemos hecho el AVE, así que se puede entender que la Federación haya encontrado ventajas en este acuerdo, y no sólo económicas. Embarcados como estamos en la candidatura del Mundial 2030 junto a Portugal, es bueno extender amplia red de relaciones, porque el mundo funciona así. Y cuenta también el dinero, desde luego. La visión romántica de Raúl García es un poco ventajista. Sin televisión ni márketing el Athletic no podría pagarle quizá más que la cuarta parte de lo que cobra. Y de esta Supercopa cae también dinero al femenino y a las divisiones inferiores.

Hoy, Clásico, mañana athléticos contra atléticos. El Clásico de hoy es de verdad curioso por cuanto que enfrenta a un Madrid sólido, estable y confiado con un Barça en el que Xavi intenta poner en pie un equipo con mil dificultades que no hace falta enumerar. De repente parece que escampa, que llegan las buenas noticias en forma de altas médicas importantes a las que se añade por fin la inscripción de Ferran Torres. Claro que para éste, lo mismo que para Pedri o Ansu Fati, este partido llega demasiado pronto, pero aun así estos regresos renuevan las alternativas que venía manejando Xavi y cargan de interés el partido que abre la competición.