No solo nombres

Producen una agradable sensación de fuerza los jugadores de ataque que ahora mismo acumula el Atlético. Si tuviese ocasión de saludar a Simeone le haría la misma pregunta que Woody Allen a la reina Isabel II hace algunos años: "¿Cómo está usted? ¿Disfruta con su poder?" Debes ser alguien muy codicioso, insaciable, casi un villano de la Marvel, para desear más fichajes en estos momentos. Y, sin embargo, ese despliegue de atacantes, tanto dentro del campo como en el banquillo, no se traduce en goles; a veces ni en oportunidades claras, una clase de acontecimiento menor que puede llegar a levantarte vagamente el ánimo.

En los días que toca teoría, y no hay partidos, los clubes llenos de grandes nombres arrasan. Es una historia viejísima: se ganan muchos partidos sin bajar del autobús. Cuando llega la práctica, empiezan los empates a cero, incluso las derrotas, y el equipo ingresa en un angustiante dique seco, sin derroche ofensivo. Requiere un enorme sacrificio y método que toda la pólvora que se concentra en algunas plantillas explote. La historia demuestra que los nombres solo son nombres. Al menos, en fútbol. Quizá en otras disciplinas tengan más peso. ¿O hubiese triunfado Tina Turner como Anni Mea Bullock? ¿Y Woody Allen como Allen Konigsberg? ¿Y Rocío Dúrcal como María de los Ángeles de las Heras? ¿Y John Balan como Manuel Outeda?

La suma de estrellas genera grandes expectativas. Pero una expectativa, en el fondo, solo es un sueño, del que despiertas y no queda nada. Hace años conocí a un joven que decidió sentarse a escribir su primera novela. Vivía en Bonn, y creyó buena idea alquilar una cabaña a las afueras para ir los fines de semana y concentrarse en el libro. Entonces se dio cuenta de que para desplazarse necesitaba un coche, así que también se compró un Mini. En conclusión, no había escrito la primera frase y ya había quemado treinta mil euros. La situación del Atlético es parecida. Ha hecho un enorme esfuerzo para reunir una plantilla espectacular, cuyo juego por ahora no se sitúa a la altura de los nombres de sus futbolistas.