El Madrid de Carletto

Aroma de campeón. Así arranca el motor un equipo que aspira a todo. Así juega en su estreno un equipo que cree en sus posibilidades sin echar en falta a nadie. Así golea un equipo que cree en su entrenador (Ancelotti return), que es disciplinado con su preparador físico (Pintus es el ‘fichaje’) y que cuenta con un arsenal de jugones digno de admirar. Para empezar, Hazard ha ‘debutado’ por fin con el Madrid. En Vitoria fue el del Chelsea. Fino, rápido y dando asistencias de tacón; Benzema, capitán, presentó su candidatura para ganar su primer Pichichi (sin Messi, Karim lo conseguirá); Bale parece haber aparcado los palos de golf (y eso que ha elegido el número 18...) y se le ve motivado y comprometido; Fede Valverde recuperó su versión box to box; Modric volvió a jugar con un violín cosido a sus botas croatas de seda; Casemiro fue de nuevo un guardia de tráfico impecable; Alaba fue el lateral zurdo de guardia y confirmó que será un multiusos clave en el engranaje del grupo; Militao estuvo sobrio a excepción del error que dio pie al penalti de Tibu, pero es de fiar; Lucas Vázquez como siempre el lateral derecho en funciones que parece haber jugado ahí toda su vida; Courtois, el mejor portero de la Champions, firme y seguro una vez más. Y no me olvido en ese once de gala de Nacho, mi Nacho, nuestro Nacho. Hizo ante un buen Alavés y un enorme Joselu (jugaron juntos en aquel Castilla del ascenso a Segunda en 2012) un partidazo para enmarcar. Una exhibición con dedicatoria... para Luis Enrique.

Vini, estelar. Los primeros 17 minutos del segundo tiempo fueron una sinfonía sellada con tres golazos que acabaron con la resistencia de la tropa de Calleja. Dos goles de Benzema y uno de Nacho acabaron con el furor de la entusiasta afición de Mendizorroza, que aunque sumaba 4.000 parecían 40.000. El 0-3 fue una losa y Ancelotti aprovechó para dar minutos a Vinicius y Rodrygo. Espléndidos ambos, pero sobre todo Vini. Jugó con una madurez que ya evidenció ante el Milan. En el uno contra uno fue demoledor y a ello añadió un gol de cabeza. Su primer gol con la testa en el Madrid (los otros 16 los había metido con el pie derecho). Un Vini desequilibrante que apretará a Hazard para que no se relaje, aunque el belga estando así seguirá en la titularidad. Un Madrid completo, dinámico y con pegada. El Madrid de Ancelotti.

Una Liga sin Messi. Les prometo que lo siento de corazón. Hubiese preferido que Messi se quedase en el Camp Nou. Motivaba más ganarle la Liga a un Barça con Messi que sin él. Además, creo que ahora el equipo de Koeman jugará más solidario y en bloque, con lo cuál será menos estético pero más efectivo e industrioso. No se crean que es tan bueno para los madridistas que Leo haya seguido los pasos de mi añorado Sergio Ramos. Nuestra Liga baja enteros y encima Koeman tendrá más hueco para los jóvenes que vienen apretando, aparte de la recuperación cercana de Ansu Fati. Ahora costará más ganarles y tendrá más mérito conquistarles el título a ellos y al Atleti del Cholo. Lo digo muy en serio.

Feliz aniversario. Ya se sabe que el Madrid y el Barça son vasos comunicantes. La infelicidad de los culés es el gozo de los madridistas. Y el que lo niegue va de poli bueno, pero no cuela. Por eso es bueno recordar que en este 14 de agosto se ha cumplido un año del inolvidable 8-2 del Bayern Múnich a ese Barça con Messi y Luis Suárez en el campo. Un Mambo memorable (1,2,3,4,5,6,7,8... Maaaaaaaambo), cercano al nirvana emocional. El Bayern tiene desde entonces todos mis respetos (y mi afecto eterno). Por eso, este 14 de agosto va a traer buenos recuerdos, incluido a Carletto. Enorme regreso del italiano. El repóker le espera.