Las verdades de Muniain

Iba todo como una balsa de aceite, con lugares comunes como lo que se sufre con cada final de Copa perdida o la añoranza de ese público tan fiel que llena San Mamés, cuando de repente... ¡Explosión! A una pregunta de un servidor sobre la famosa foto fumando un puro en Ibiza, soltó Muniain durante cinco minutos algo que llevaba muy dentro, que se notaba que tenía ganas de desembuchar, de lanzar a los cuatro vientos para que lo recoja quien quiera. Quiso poner las cosas en su sitio, apelar a su currículo en Bilbao como barrera para los que critican ese episodio. No le veo sentido a la que se ha montado, nada que ver con la cadena de besos del año pasado en vacaciones entre muchos del equipo y sus parejas, apiñados, cuando los protocolos recomendaban precaución y distancia social. Ojito: ahí la gente también sacó esa "rabia" que tanto incomoda al 10 y no se registró ninguna final perdida. Lo que no me parece de recibo es poner como filosofía de vida que ejerces de capitán las 24 horas del día y los 365 días al año y acto seguido subrayar que en tu vida privada haces lo que te place. ¿En qué quedamos?

Estoy de acuerdo al 99 por ciento con todo lo que defiende Muniain. Los jugadores son personas, tienen derecho a disfrutar de su vida privada como les plazca, y más, en periodo vacacional. Como aquella estampa de Yeste en paños menores en un barco. Otro travieso con una personalidad singular. Mucha gente tiene la piel fina, demasiado fina, y se cree con derecho a teledirigir la vida de los de corto por pagar un carnet. Sí reconozco que la ostentación en las redes sociales de los lujos de algunos jugadores no casa mucho con estos tiempos en los que hay tantos ciudadanos pasándolo mal por culpa de la pandemia. No cuesta nada cuidar un poco las formas. Y no puede decir el 10 eso de que fumar un puro "es una cosa normal". Si así fuera veríamos a menudo vestuarios humeantes conformando un paisaje de niebla londinense provocada por estrellas besando sus habanos mientras el técnico da una charla. Es cierto que si el Athletic hubiera ganado una o las dos finales de Copa, en pleno éxtasis toda Bizkaia habría sepultado en cajas y cajas de farias a Muniain y al resto de la plantilla, y como si no se les ve asomar hasta que se los fumaran todos. Pero se da la casualidad de que no han ganado. Y el matiz no es menor. En la victoria, como si se fuman la pértiga con la que Duplantis batió el récord del mundo. Todo es juerga. 

Iker tiene razón. Se podía haber escondido en La Cartuja y se arriesgó a una grave lesión, aunque también cerró la puerta conscientemente a un compañero que estaba sano mientras que él no podía casi ni andar. Y eso tiene un punto d egoísmo. Al final se rompió. Mucha gente le adora, atrona el 'Ikeer, Ikeeer' cuando le sustituyen. Todos advirtieron mucha magia desde niño en ese cuerpo chiquito. Pero hay un grupo que empieza a estar cansado de él. Cuando pasas 16 años en un sitio puede ocurrir. Muchísima gente le echó en cara no ser el portavoz de la caseta tras el disgusto de las finales. También es verdad que Bilbao ha sido su Dorado. Es cierto que nadie le puede dar lecciones de comportamiento, pero le falta por reconocer que en ningún lado habría encontrado este amor y esta montaña de euros. Y eso muchas veces te hace esclavo de comportamientos casi monacales. Porque San Mamés siempre ha sido el estadio más celoso con su imagen y tradiciones.

Si hubiese intercalado una frase, solo una en su discurso, del tipo: 'Si alguien se ha sentido molesto, le pido disculpas, aunque no creo que haya hecho nada malo y lo volvería a repetir', pues habría salido por la puerta grande. Son sus verdades, casi todas las compro. Pero un capitán debe saber que su figura trasciende más allá de lo deportivo, que es ejemplo para muchos y debe conjugar esas dos esferas, algo que tan complicado es, pero que tan bien hicieron otros capitanes en el pasado, Gurpegui, Iraola, Susaeta, De Marcos, Larrazabal, Guerrero, Aduriz o Etxebe sin ir más lejos. Ojalá todo esto no le pase factura esta temporada y tampoco se vea salpicado el equipo. Quitarse el traje de capitán no es tan fácil.