Gracias Villarreal, gracias familia, muchísimas gracias

Tengo 48 años, que ya empiezan a ser algunos. Desde los 22 años vengo contando las cosas que le pasan al Villarreal día a día. En este periodo me he casado, he tenido dos hijos, he pasado por todas las etapas de crianza y ya soy padre de dos fenómenos, de 19 y 17 años (Daniela y Xavi). Más de media vida la he pasado al lado del Villarreal, es como si fuera mi otra familia. Este es un club familiar, conoces a los dirigentes y a sus familias; a los jugadores y a sus familias; y a los trabajadores y a sus familias. Como les decía, el Villarreal es casi mi segunda familia, con la que he vivido casi toda mi etapa adulta. La otra, la de la sangre, se ha acostumbrado a no verme en muchas, muchísimas celebraciones. He llorado, he reído, he pasado miedo, hambre, sueño y sed. Me he emocionado mucho, he disfrutado como un enano, he conocido gente de todo tipo y he viajado en todo lo que se puede viajar. He estado en Borriol y en Sidney; en Madrid y Hong Kong; o en Buenos Aires y La Coruña.

He viajado a medio mundo y he dado la vuelta a España varias veces y todo siempre con ellos. Por ello, las cosas del Villarreal son por suerte o por desgracia, una parte destacada de mi vida. Es verdad que no debería, pero todo lo que le pasa al equipo me afecta en mi vida, mi carácter y mi día a día. Hoy, tras lo vivido en Gdansk, después de dos días de felicidad extrema, de ver a tu gente disfrutando y con esa sonrisa que denota felicidad extrema solo puedo dar las gracias. Gracias, gracias, muchísimas gracias. Gràcies, gràcies, moltíssimes gràcies. Y solo quiero que sepan que he estado llorando todo el rato mientras escribía esto. Lo hacía sentado en el campo de Gdansk, a dos horas de la final y con las gradas vacías. Y es que esto es lo que quería decir. Y lo quería decir antes de que pase lo que tenga que pasar en la final.