Hugo González es el sucesor

Bronce, plata y ¡oro! Esa es la secuencia de la colección de Hugo González durante esta semana en los Europeos de Budapest. Las dos últimas, el pasado jueves, en un lapso galáctico de 70 minutos. Y todavía se guarda una bala: los 100 metros mariposa. La suculenta recolecta recuerda a los más grandes de la natación, inevitablemente a Michael Phelps, el icono de la piscina olímpica, aunque el mejor ejemplo lo tenemos mucho más cerca: Mireia Belmonte. Sólo ella ha sido capaz de aglutinar varias medallas en los mismos campeonatos o de encadenarlas en una misma tarde para el deporte español. Hugo se ha subido por primera vez a ese carro, que tampoco es nuevo para él, porque así era su dominio en categoría júnior, en la que puede presumir del mejor palmarés entre los nadadores nacionales. El balear brilla desde edades tempranas, sólo hacía falta que aterrizara en una atmósfera adecuada para exprimir su infinita calidad. Y por fin la ha descubierto en California, tras algunos desencuentros en España y varios cambios de universidad en Estados Unidos.

Hugo ha explotado al máximo nivel. Y no sólo por el acopio de medallas, también por su manera madura de competir y por la altura de sus marcas. El mallorquín del Canoe ha logrado el tercer registro mundial en 200 metros estilos, una de las pruebas que calibran al nadador completo, una combinación de velocidad, resistencia y polivalencia. Su eclosión se esperaba antes, esa es la verdad, pero en el deporte los éxitos llegan cuando el atleta alcanza su máximo rendimiento físico, pero también la armonía emocional. Los estudios siempre fueron una prioridad para González, que buscaba un equilibrio que al final parece haber hallado. Es muy simbólico, además, que lo haya hecho en año de Juegos Olímpicos, y justo en un campeonato donde Mireia ha causado baja. Hay sucesor.