De Vini 'carambola' a chico de Oro

El Madrid es un tren que pasa, si acaso, una vez en la vida. Si te ocurre siendo un crío corres el riesgo de que te atropelle de tal manera que no vuelvas a recuperarte al 100%. Por eso tiene tanto mérito lo que está haciendo Vinicius desde su llegada al club. Se ha tenido que enfrentar a una operación económica costosa, a la desconfianza de los entrenadores, a algunas caritas de los compañeros, al recelo de los aficionados blancos y a la mofa de las aficiones rivales. Y ha podido con todo a base de talento y de una fe ciega en sus posibilidades.

Por el medio una lesión en el momento en el que estaba a punto de despegar, que frenó su progresión y minó su poderosa moral. Ahora le está llegando el turno de recoger lo sembrado y trabajado. Su gran actuación ante el Liverpool le ha catapultado en el mejor de los escenarios y ha puesto su nombre definitivamente en órbita. Tiene 20 años y de la noche a la mañana no las va a enchufar todas por la escuadra, pero sus dos fantásticos goles le van a dar un subidón de autoestima de valor incalculable.

Zidane, al que ha ganado para la causa, va a servirle de consejero perfecto para evitar que el exceso de protagonismo le distraiga del objetivo: seguir progresando hasta convertirse no dentro de mucho en un futbolista referencial con un valor de mercado incalculable. De momento, ha transformado las sonrisas irónicas en gestos de asombro y de admiración.