Luis Enrique chapucea a Ramos

Cuando el día antes de jugar ante el Celta, partido transcendental para el Real Madrid, Sergio Ramos se quedó fuera de la lista de convocados de Zidane por problemas físicos nadie se planteó que dejara de ir con la Selección. Primer error. ¿Cómo puede ser que recién salido de una lesión, sin jugar un partido completo, mostrándose disminuido físicamente en sus pocas apariciones y siendo baja médica en su equipo el fin de semana, se decida su convocatoria para tres partidos oficiales y trascendentales? No se hubiera entendido ni aceptado en cualquier otro futbolista, pero siendo Ramos y dado su compadreo con el seleccionador la crítica pasó por encima como si de otra heroicidad o servicio al país se tratase.

Se lo merece, se le respeta, se lo ha ganado, el aparato de propaganda sacó sus banderas y sus fanfarrias para loar el nuevo alistamiento del capitán. La aparición en el once del primer partido ante Grecia anunciaba el milagro: el jarabe de Lucho había recuperado en tres días al camero que se ponía al frente de la Roja. Pero a Ramos se le vio espeso, sin chispa y al descanso se quedó en el vestuario. Segundo error. El seleccionador reconoció que se había pactado el relevo por su estado de forma, como si la Selección fuera el sitio adecuado para que el jugador hiciera una especie de pretemporada. En vez que quedarse en Valdebebas entrenando, recuperando y haciendo un trabajo específico, el futbolista se metía en una dinámica de partidos, entrenamientos y viajes que no favorecían su estado. Pero como era Ramos…

Ramos, durante uno de los partidos de España.

A los tres días en Georgia Luis Enrique decidió que Sergio no jugase ni un minuto. ¿Qué hacía Ramos en ese viaje? Por mucho que el seleccionador tirase de su habitual soberbia ante la prensa para decir que todo era más sencillo de lo que parecía, que un futbolista en mal estado físico se haga un viaje de diez mil kilómetros y pierda entrenamiento y descanso para no jugar es una extravagancia y un dislate. Hasta sus más acólitos empezaban a bajar las banderas. Pero quedaba el despropósito final. Como no estaba para jugar ante Kosovo, entre viajes y entrenamientos pre y post partido es imposible recuperarse, volvió a quedarse fuera del once, lo normal.

Pero en el afán del dichoso récord y de manera estrafalaria Lucho lo sacó al campo a pasearse los últimos minutos. Tercer error. El récord de Ramos no crece jugando los minutos de la basura sino que se hace más pequeño y artificial. La astracanada llegó con su regreso a Madrid, donde sorprendentemente apareció lesionado ante los médicos de su club. Al parecer había sido en unos ejercicios post partido, unas carrerillas al trote con los que no habían jugado ni un minuto. Era el colofón a una semana de disparates en la que el jugador y el seleccionador se equivocaron, dañando la imagen de ambos y perjudicando a un tercero, el Real Madrid. Ramos no debía haber ido a esta convocatoria. Lo sabe Ramos, lo sabe Luis Enrique, lo saben los 'ramistas' y lo saben los madridistas.