Sainz tiene ilusiones y Alonso, trabajo

Imposible obtener conclusiones fiables de tres jornadas de test tan comprimidas como las de Bahréin. Al menos desde la distancia y con la condición de observador, quizá los sesudos analistas de la Fórmula 1 tengan un dibujo más nítido de lo ocurrido. Aunque lo veo difícil incluso para ellos, sería como aquello que nos enseñaban en el cole de mezclar peras con manzanas: cada equipo trabajando a su aire, con unas prioridades, unos objetivos, diferentes condiciones, pilotos en distintos grados de adaptación a los coches… En definitiva, un pequeño barullo que nos invita a pensar más en sensaciones que en hechos consumados o contrastados. La hora la verdad ya sabemos que llegará dentro de dos semanas en este mismo escenario, entonces sí que se acabará la estrategia del disimulo o los experimentos con gaseosa… Mientras tanto se pueden intuir algunos cambios respecto al pasado año, insistiendo en que precisan ser refrendados en competición.

Por ejemplo, Honda constata la evolución prometida en su motor en la temporada de su despedida, por aquello de intentar marcharse por la puerta grande de la mano de Red Bull. Los Mercedes han estado un tanto desconocidos, pero obviamente nadie espera que su abrumadora ventaja de los últimos años se haya esfumado de golpe. Volverán sin duda por sus fueros. ¿Y los españoles? Pues cumpliendo con su parte. Sainz muy consistente en su debut con Ferrari, con tiempos más que dignos y completando el trabajo encomendado en el desarrollo de un monoplaza que se aleja del carro de polos de 2020. Y Alonso ha vuelto como se marchó, dando la impresión de que no ha estado fuera de los grandes premios dos años y evidenciando que llegará tan lejos como pueda hacerlo su Alpine. En ambos casos tienen trabajo por delante, tanto como ganas. Eso es lo que cuenta y lo que nos permite confiar en que vamos a disfrutar de un gran año de carreras.