El cometa Asensio

Ganó el Real Madrid en Valladolid y la Liga se iluminó un poquito. No obstante, yo me quedé mirando a la sombra y pensando en Marco Asensio. Pocos futbolistas representan mejor esta vida apagada a la que nos ha condenado la pandemia. Todos los besos que no dimos, los abrazos frustrados, los mil saludos torpes entre codazos. Toda esa melancolía de vivir cabe en las botas del centrocampista balear cuando el partido le brinda la oportunidad de agrandarse y la jugada acaba desinflada como el último globo al final del cumpleaños. Sucede demasiado. El juego de Marco Asensio es una fiesta que acaba antes de empezar y eso me apena. Su pureza para jugar al fútbol nos enamoró a todos, pero la saca tan poco que se ha convertido en una pieza de nostalgia.

El Madrid se ha enganchado a la escapada buena como los grandes ciclistas en sus tardes amargas. Con dignidad y raza. Podemos solmenarle lo que queramos por sus carencias, pero su tolerancia al sufrimiento es de aplauso. Cómo no emocionarse con el escalador que se retuerce derrengado en el cuadro para evitar la minutada. Otra cosa son las expectativas, las posibilidades, lo que debería ser en función del dinero invertido. Y ahí vuelvo a Asensio. Los de Zidane resolvieron en Pucela amarrados a la clase y el oficio de dos campeones como Courtois y Casemiro. En el lado opuesto estuvo la timidez de Asensio. Esa languidez que le acompaña incluso desde mucho antes a su terrible lesión. El Madrid pedía a gritos su toque claro entre líneas, pero Asensio respondió ofuscado en la banda con un juego deslavazado y vulgar.

Asensio, frente al Valladolid.

Marco Asensio ha sido siempre un futbolista desconcertante. Con hechuras de figura, pero que solo ha brillado ejerciendo de gregario. Un Ferrari en el garaje. Sin embargo, cuando le llaman Ausencio me enciendo. Porque reducir lo que le sucede a un problema de carácter es una falta de respeto. Mucho más tratándose de un chico que ha remado como pocos para cicatrizar una lesión de las que cercenan carreras. Algún demonio le ronda y se nos escapa. De que consiga espantarlo antes de que acabe la temporada dependen muchas de las opciones del Real Madrid en la Liga. El equipo, que ya va justo de brillo, no puede permitirse que aparezca con la frecuencia de un cometa.