¡Vamos Rafa!

Orgullo de camiseta. Corría el minuto 84 y de nuevo se cernía sobre el Madrid otra tarde sombría, triste, con otro decepcionante pinchazo de la tropa del reactivado Zidane, encima ante el colista. Pero en ese momento de zozobra emocional compareció el orgullo de un equipo que en la última media hora tiró de ese compromiso que siempre se le exige a cualquier jugador del equipo más laureado de la historia. Un paso adelante que frenó la hemorragia. Hasta ese 1-0 el Huesca parecía un nuevo verdugo en esa lista que últimamente han copado Elche, Osasuna, Alcoyano o Levante. Pero ni las bajas de peso, ni la mala noticia matinal de la operación del capitán desanimaron a un Madrid que dio un toque de corneta en el campo, igual que Zidane hizo un día antes en la Sala de Prensa. Fue un grito común de “Aquí estamos y aquí nadie se rinde”. No es para presumir, pero este sufrido triunfo sí puede ser un punto de inflexión para lo que se avecina. Si el martes se repite otra victoria ante el Getafe en Valdebebas (partido aplazado de la primera jornada) y el próximo domingo con el Valencia también en casita, podemos empezar a hablar de una reacción enfocada hacia el ansiado regreso de la Champions. El 3-3 de la Atalanta ante el Torino, después de ir ganando 3-0, es una prueba más de que este sábado al final no se dio tan mal...

Momento Varane. Pero como en todas las batallas que se acaban ganando, siempre hay un soldado que consigue la Medalla al Honor por su combatividad y su coraje. En El Alcoraz se lo ganó con creces Raphael Varane, Rafa para los amigos. En otras ocasiones, el central francés de 27 años no había sabido asumir las ausencias de Sergio Ramos con jerarquía. Lo vimos ante el City. Pero ante la animada tropa de Pacheta se mostró como un Ramos de guardia al que hay que agradecerle los servicios prestados. Sus dos goles reflejan su empeño en revertir la inercia negativa del equipo. En el 1-1 saltó como si tuviese muelles en sus piernas, ganando en el lluvioso cielo de Huesca a toda la zaga altoaragonesa. Y en el 1-2 hizo un gol parecido a uno que metió Ramos en Getafe hace unos años. Fue al rechace de Álvaro Fernández (el de Arnedo es un porterazo) y sacó su pierna izquierda hacia atrás para rebañar un balón de oro, cuyo coste fue estamparse contra el poste. Pero el triunfo merecía la pena. Se llevó su mano al escudo y eso me llegó al alma. ¡Vamos Rafa!

Efecto Pacheta. Tiene mucho mérito José Rojo Martín, ‘Pacheta’. El de Salas de los Infantes (Burgos) es un entrenador con personalidad, carácter, carisma y buenas ideas. Las mismas que llevaron al Elche a Primera el curso pasado. Su Huesca demostró que no va a dar su brazo a torcer, sobre todo en un arranque del segundo tiempo donde cada ataque de los oscenses parecía una bomba racimo. Dos largueros y una parada antológica de Courtois a Rafa Mir evitaron más dolores de muela.

La jugada del año. El Madrid no está para tirar cohetes. Lo sé. Pero en el minuto 62 elaboró la mejor jugada del año. La combinación entre Benzema, Modric, Asensio y Vinicius acabó con un remate de Karim que salvó Álvaro. Si llega a ser gol es para ponerlo en los clínics. Por cierto, hoy sí vimos el Vinicius que encara, que busca el uno contra uno y que juega con desparpajo y alegría. El Vini que en su día puso en pie al Bernabéu. Este sí es el camino, chaval.

Una sonrisa. Eso es lo que ha recuperado la afición madridista, necesitada de más triunfos y alegrías. Esta victoria va por Julio Zapata Conesa, de Molina de Segura, y por Roque Oría, de Lepe, que ha cumplido 34 años. Amigos, esto es como acaba. No perdamos la fe.