Cuando Benzema era Vinicius

Un poco de memoria. Hasta llegar al Karim que hoy vemos, gran futbolista, maduro en su juego, padre de familia en la vida, vapuleado por algún buen palo profesional como el de la incomprensión definitiva de su seleccionador, hubo que aguantar otra versión bastante menos lustrosa de Benzema. Sus números ahora avalan su rendimiento a lo largo de los años, pero eso no está reñido con haber sido un gran consentido en el club. Cuando llegó al Madrid, seguro que les suena, entremezclaba ese talento tan especial con una irregularidad manifiesta, le costaba convivir con la competencia en su puesto, especialmente con Higuaín, y, fuera del fútbol, afeaba su imagen con algún que otro desliz significativo, siempre achacado a las malas compañías…

Paralelismo con Vini. El joven brasileño nunca tendrá el talento natural para el gol de Karim, pero sí tiene muchísimas virtudes como futbolista para la edad que tiene: verticalidad, desborde, atrevimiento, energía positiva. Vinicius Jr. es también un gran consentido en la planta noble del Santiago Bernabéu, eso no le ayuda precisamente, porque un futbolista siempre preferirá la confianza plena de su entrenador que la de su presidente. No es nada fácil para un chico gestionar la discontinuidad en las alineaciones y, mucho menos, el paulatino regreso de Hazard. Vini, como todo ser humano, tiene batallas que librar dentro y fuera de su cabeza. Lo peor sería quitarle a alguien tan joven la alegría de jugar que, en su cultura, es la alegría de vivir. Lo triste de la conversación de Benzema con Mendy es la desmemoria. Benzema ha recorrido ese camino y también ha conocido a esos fantasmas. Por mucho que se pretenda edulcorar, no es lo mismo algo tan común como hablar mal de un compañero que sugerir borrarle de la ecuación en pleno partido.

El pacificador Zidane. Zizou es un maestro en positivar las situaciones más insospechadas. Ahora tendrá que lidiar con ese foco que apuntará al triángulo futbolístico entre Mendy, Benzema y Vinicius. Los pases entre unos y otros serán monitorizados escrupulosamente cada vez que coincidan sobre el césped. El entrenador tendrá que gestionar el vestuario igual de bien que la sala de prensa para que el joven brasileño, a pesar de las explicaciones de Benzema, no sienta como un problema propio lo que algunos de sus compañeros dicen "por lo bajini". A Sergio Ramos, como capitán, le tocará hacer lo suyo también: coser heridas, donde otros descosen, pero esta vez fuera del tiro de cámara.