Raúl de Tomás es Mark Lenders

"Marcar un gol es como hacer el amor". Se le atribuye la frase a Alfredo di Stéfano, y daría para entender, casi 60 años después del paso de la Saeta Rubia por Sarrià, cómo otro goleador perico va tan sobrado. Asegura Raúl de Tomás que lo suyo es timidez, pero su aire chulesco, su pose impasible y su mirada con aspecto desafiante lo contradicen. Dentro del campo y ahora, también, fuera. Sus perlas de este miércoles, primero en una conferencia de prensa esperadísima y, después, en un cuestionario elaborado por el club, definen al jugador en cuyos pies (y cabeza) están depositadas buena parte de las esperanzas de ascenso del Espanyol.

Le preguntaron al delantero si prefiere a Oliver Atom o a Mark Lenders. Obviamente, y regalando una media sonrisa premonitoria, se decantó por el segundo. "Porque es más malo", se atrevió a justificar, sin tapujos. Más allá de haber cambiado la melena al viento de Lenders por la gomina y la camiseta remangada hasta los hombros por una inseparable térmica, lo que define a De Tomás en su respuesta es su libre elección. Opta por ser el antagonista. El lobo sobre Caperucita, las sirenas ante Homero, Salieri por delante de Mozart,o Lex Luthor antes que Superman (y eso que por su inamovible cabello bien podría parecer un Clark Kent moderno, solo le falta el ricito). No se conforma con el convencionalismo. Con ser el bueno de la película. No es pícaro y entrañable como Tamudo, ni un yerno perfecto como Gerard Moreno. El goleador actual del Espanyol aspira a ser otra cosa.

Raúl de Tomás y Mark Lenders.

Tal es su pretensión que, en otro momento del cuestionario, admite que le gustaría tener el superpoder de adivinar el pensamiento de la gente. Quizá por eso ya en su presentación, en enero, instó a un periodista a que le mirara a los ojos. Telepatía. RdT, cuyo nombre de guerra serviría de por sí para un malo malísimo de cómic, ahonda en ese papel de antagonista, casi de villano, que despierta conscientemente entre la afición y, especialmente, entre sus rivales. Habrá que ver si los del Rayo, rival este domingo y aliados del ariete en anteriores capítulos, caen en la trampa.

Ese rol adopta también cuando trata de dirigir, por suerte sin éxito, las preguntas de los periodistas. O cuando vuelve a valerse de las capacidades propias de un superhéroe (en sentido figurado, que nadie se asuste) para dejar en el aire su continuidad más allá de diciembre. “Si supiera qué va a pasar en tres meses, tendría poderes”.

Raúl de Tomás es, en sí mismo, todo un personaje. Un rebelde sin causa que, en el fondo, ni es rebelde y quizá sí tiene causa. Pero, sobre todo, tiene las cosas claras, derrocha personalidad y aún más fútbol. Por eso, lo que conviene al Espanyol, y a los espanyolistas, es sentir cada uno de sus goles, los que deben liderar el retorno a Primera, como quien hace el amor, que dijo Di Stéfano, sin siquiera reparar en cuándo volará, como al final algún día terminaban incluso los interminables partidos de Mark Lenders y Oliver Atom.