Canales elige su legítimo lugar en la historia

El renacido

El período excepcional que vivió la Selección a principios de esta década se le escapó a Sergio Canales (29 años). Hoy es un tiempo feliz para él, emocionado por la llamada de Luis Enrique, consagrado en el Betis. Finiquitada la pelea contra su cuerpo, después de las desgraciadas lesiones de rodilla que sufrió durante su apogeo, Canales es un futbolista en plenitud. Como un guiño a lo que pudo haber sido y no fue, el regreso a Mestalla le sirvió para celebrar su vuelta a la Selección. El Valencia no pudo detener todo el derroche de talento del cántabro, espléndido en el doble pivote, aunque no sea esa una posición quizá tan idónea para sus principales virtudes. Alrededor de su figura, el Betis pudo jugar lejos de su área —57,7 metros de distancia media a su portería— y el duelo cayó de su lado. El balón buscó a Canales y él lo cuidó como nadie (60 pases buenos, 10 en largo). Siempre eligió bien. La variedad de sus entregas, en corto y en largo, rasas y por alto, miró a todos los perfiles en una demostración de su imaginación. El gesto técnico del gol remarcó la emotividad de su partido. Ni la adversidad más lacerante ha podido con Canales.

Huir de la desconfianza

El rasgo cambiante del fútbol acelera los diagnósticos. Casi siempre para mal. Como nada está sujeto a la previsión, las prisas en las valoraciones pueden llevar a equívoco. Al entorno de la Real Sociedad le llegaron las dudas por la derrota ante el Valencia de la jornada pasada, y encima comparecía el Getafe a Anoeta, líder en combustión tras su goleada al Betis. Para los ansiosos no había espacio para un nuevo tropiezo, aunque el equipo de Imanol parece estar por encima de los resultados. Por si acaso, la Real ganó. Lo hizo al inutilizar por completo el sistema de presión del Getafe. Imanol preparó una salida de tres, aproximando a uno de los laterales junto a los centrales, mientras que el otro lateral daba amplitud por fuera y los centrocampistas (Zubimendi, Merino y Silva) se escalonaban a diferentes alturas. La Real trasladó el juego a los pasillos exteriores con continuos movimientos en profundidad. Sin poder robar en zonas avanzadas, el Getafe no se reconoció y tuvo que replegar en exceso. Solo recuperó nueve balones en campo rival, la mitad que en la victoria ante el Betis.

Zubimendi conduce ante el 'Cucho' Hernández.

La ausencia más dura

Jugar bien no te asegura el éxito, pero sí te acerca a él. A ese pensamiento se debe agarrar el Huesca. Su fútbol no refiere al de un recién ascendido. Se apreció desde la primera jornada. Quiere la posesión, sabe qué hacer con la misma y nadie puede impugnar su voluntad ofensiva. Sin embargo, cuenta sus cinco partidos sin victoria, con cuatro empates, pero sin victoria. Es difícil someter a una explicación convincente sus tablas ante el Elche. Tuvo a su adversario en el alambre, sin respuesta más allá de Edgar Badía en los momentos más críticos, pero se le escabulleron los tres puntos por una preocupante incapacidad ante el gol. El Huesca generó hasta 15 ocasiones y dispuso de 12 remates dentro del área. Los datos en frío resultan elocuentes.

En honor a Helenio Herrera

No solo el miedo a perder atenaza a equipos, también lo hace el miedo a ganar. Se necesitan jugadores decididos. A este Eibar, que ya coqueteó de forma excesiva con el descenso la pasada temporada, le faltan muchas cosas, pero ninguna carencia está vinculada con una supuesta falta de personalidad o de actitud. Con diez futbolistas se impuso a un Valladolid que no pudo gestionar peor la ventaja numérica en el último tercio del encuentro. El centro relativamente cómodo de Arbilla y gol de cabeza de Kevin Rodrigues, saltando por encima de Nacho, sin que ningún central pucelano estrechara tampoco la vigilancia, castigó la indolencia del Valladolid y su nula lucidez cuando tenía todo de cara. El Eibar hizo buena la frase herreriana de "al fútbol se juega mejor con diez que con once".