Nadal calienta en el frío París

Rafa Nadal debutó en Roland Garros 2020 con una victoria en tres sets ante el bielorruso Egor Gerasimov, número 83 del mundo, por 6-4, 6-4 y 6-2. De su estreno se pueden sacar pocas conclusiones, más allá de la confirmación del frío gélido que trasmite este Grand Slam, en todos los sentidos. Son frías las gradas despobladas, pero a esa temperatura ya nos habituaron el US Open y otros eventos deportivos. El frío que verdaderamente deja helado es el que se experimenta en la pista, el mismo que ha alzado la voz de Victoria Azarenka, que se marchó al vestuario en pleno partido, o el mismo que provoca el uso de vestimentas térmicas poco vistas en el tenis. Es un frío que endurece una bola ya de por sí muy pesada, que Nadal definió como "una piedra", que no se eleva como el balear acostumbra. Rafa ya advirtió que se enfrenta a "las condiciones más difíciles" de toda su carrera, pero no hay excusas. Su tío Toni Nadal le enseñó así. Hay que enfrentarse a cada situación, aunque las circunstancias no sean las mejores para un torneo de tierra batida al aire libre. Tampoco lo son para otros.

Nadal calentó en el frío París y solventó su choque en dos horas y cinco minutos, cuando el reloj marcaba las 19:30, casi a la vez que Garbiñe Muguruza solucionaba ante la eslovena Tamara Zidansek, curiosamente también la 83 del mundo, pero de una forma muy diferente a su compatriota. Muguruza levantó un partido de esos que suele perder. Esa es la gran noticia. Ganó el primer set 7-5, perdió el segundo 4-6 y remaba con 0-3 abajo en el tercero, lo que presagiaba lo peor. Los antecedentes juegan en su contra. Pero Garbiñe reaccionó, supo sufrir, mantuvo el pulso, y se impuso por 8-6. Tras celebrar el punto ganador abrazó a Conchita Martínez, su actual entrenadora. Ahí puede estar la clave. Si la hispano-venezolana sabe manejar la cabeza igual que la raqueta, llegará más lejos.