El Fair Play financiero no es suficiente

La decisión del TAS levantando la sanción deportiva al Manchester City y permitiéndole jugar la próxima Champions League ha generado una serie de debates que van mucho más allá de este caso concreto. Para muchos opinadores, la resolución significa la muerte del Fair Play financiero y de los intentos de la UEFA de controlar las inversiones externas abusivas en el mundo del fútbol. Hay quien apunta que, habiendo quedado tan desautorizado el organismo rector de las competiciones europeas, se acelerará el proceso de creación de una Superliga privada en la que los poderes tradicionales puedan redactar un reglamento a su medida que impida que los llamados clubes-estado jueguen con ventaja. Se vienen tiempos apasionantes -y esto no significa que tengan que ser buenos- en los que la discusión sobre cómo debe ser gestionado este deporte entrará en una nueva dimensión.

Hay una reacción al veredicto del TAS, sin embargo, que me interesa especialmente. Es la de aquellos románticos que vienen a decir que la debacle de los mecanismos de control de la UEFA no supone una mala noticia adicional, ya que la propia normativa no estaba tan destinada a combatir los desequilibrios como nos habían contado. Que al final, como escribió Barney Ronay en The Guardian, el caso del City era una pelea entre el viejo dinero y el nuevo dinero. Y que si algo pretendía el Fair Play financiero era proteger a los poderosos de siempre, a los de antes de que entráramos en el mundo de los jeques y los oligarcas. Y que incluso en un mundo en el que el mecanismo de la UEFA hubiera triunfado, las diferencias entre pequeños y grandes seguirían exagerándose día tras día.

El City podrá jugar las dos próximas Champions.

El Fair Play financiero debe ser modificado no porque haya fallado a la hora de controlar al Manchester City. Sino porque incluso los que somos firmes defensores de las medidas proteccionistas en el fútbol para conservar el carácter imprevisible del juego lo juzgamos equivocado en su esencia e insuficiente en su enfoque. Debe procurar que entre la élite y el espacio exterior no haya millones de galaxias de distancia.