¿Y si nos equivocamos?

A Sandro Rosell lo condenó una parte de la opinión pública mucho antes de que la justicia dictara sentencia, lo sé porque yo mismo formé parte de aquel jurado tuerto que inundó con sus prejuicios las redes sociales, las plazas y algún que otro bar. No cuesta nada admitir que a Rosell le colgamos el cartel de culpable con la misma ligereza que un adolescente acusa a su madre de arruinarle la vida, incapaces de comprender la gravedad de ciertas afirmaciones. En su caso concreto, el tamaño de la injusticia soportada se puede concretar en una cifra demoledora: 604 días en prisión preventiva, casi dos años hurtados a al propio Sandro Rosell, su mujer y el resto de su familia.

"Está en juego la vida de alguien... ¿Y si nos equivocamos?", pregunta Henry Fonda en 12 hombres sin piedad. "¿Y si nos equivocamos? ¿Y si este edificio se viene abajo? Es poco probable", responde un Jack Walden cuyo único interés consiste en aligerar el trámite porque tiene entradas para un importante partido. Así, con esa mezcla de egoísmo, irresponsabilidad y prejuicios, se puede llegar al punto sin retorno de declarar culpable a un inocente, extremo que Rosell conoce a la perfección pues lo ha contemplado desde los dos platos de la balanza: señalado en su propio proceso e instigador del que enturbió las vidas de Joan Laporta y compañía durante años.

Rosell, expresidente del Barcelona.

Y es que, si el fútbol se ha convertido en un circo de tres pistas, el Barça es la sublimación del espectáculo que hizo famosos a los hermanos Tonetti pero plagado de Genoveses, Gambinos, Lucheses, Colombos y Bonanos. Uno nunca sabe dónde empieza el honor y terminan los negocios, pero lo cierto es que son ya demasiado años de luchas intestinas y un daño irreparable para muchas familias. Quizás haya llegado el momento de darse una tregua o bien reescribir la historia para adaptarla a los nuevos tiempos como, por ejemplo, sugerir que el club se fundó en una carnicería y no en un gimnasio pero, claro: "¿y si nos equivocamos?".