Jugar o no jugar, esa es la cuestión
No hay que culpar a nadie por pensar en el dinero, lo que ocurre es que todos piensan en él.

Leo en muchos foros grandes elogios a posiciones como las que sostienen los clubes belgas, partidarios de dar por terminada la competición y no apurar ninguna posibilidad de jugar lo que queda pendiente cuando se pueda. Se dice que esta posición es la responsable, la que piensa en la salud pública y la que protege a los futbolistas. Pero si escarbamos un poco nos daremos cuenta de que los motivos para situarse en un bando o en el otro no son tan diferentes.
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En Bélgica, al igual que en Escocia y en Francia, la temporada que viene entra en vigor un nuevo contrato televisivo que reportará a los clubes ingresos significativamente superiores a los que estaban percibiendo hasta ahora. La gran prioridad de esas instituciones, pues, es que no se reduzca la duración ni el formato de la liga que viene. Les interesa más preservar la integridad de la siguiente temporada que la de la actual, fundamentalmente porque la siguiente reportará más beneficios. En Escocia, donde la votación para decidir si se da por terminado el torneo o no ha acabado derivando en un escándalo mayúsculo, hay un factor añadido: casi todos los clubes, que están en una situación económica precaria por la propia naturaleza de una liga con muy poco interés en el exterior, necesitan cobrar ya los premios económicos que se entregan en función de la posición final que se ocupa en la tabla. Les da pánico tener que esperar a septiembre o a octubre para ingresar ese dinero, y por ello quieren precipitar el desenlace.

Y no hay que culpar a nadie por pensar en el dinero. Lo que ocurre es que todos piensan en él: los partidarios de una solución y los partidarios de la otra. Y es normal que piensen en él: el fútbol no es sólo una industria de multimillonarios. Del fútbol viven muchos trabajadores en clubes no tan rentables, y de que esos clubes sigan existiendo dependen los sueños de muchos aficionados en todo el mundo. Nos enfrentamos a una problemática muy compleja y por lo tanto no valen las soluciones simplistas.






