El Madrid de la piel cambiante

El Bernabéu ya no es el lugar seguro que impulsaba los éxitos del Real Madrid en la Copa de Europa. Hace un año, el equipo fue vapuleado por el Ajax, partido con consecuencias porque significó el regreso de Zidane al banquillo. Esta vez ha sido el Manchester City, que se impuso en un partido contenido y muy táctico en el primer tiempo, antes de romperse poco a poco y confirmar que el Real Madrid vuelve a ser un equipo de piel fina: le cuesta una barbaridad mantener su consistencia durante noventa minutos.

Regresa el Madrid que desorientaba a su hinchada, más que satisfecha en el periodo de buen juego que discurrió entre noviembre y febrero, una primavera en invierno. En dos semanas ha perdido fiabilidad y tres de los cuatro encuentros que ha disputado. No son las mejores noticias para el Clásico, repentinamente convertido en juez sumario de la temporada.

Como ocurrió frente al París Saint Germain, Zidane guardó una sorpresa en la alineación. En aquella ocasión entregó la titularidad a Isco, que desapareció del mapa en los últimos partidos de la temporada anterior y seguía en la nevera del técnico. Esta vez, la sorpresa radicó en la ausencia de Kroos, cuya titularidad nunca se ha discutido en los grandes partidos. Éste contra el City era especial por varios motivos: el prestigio del equipo inglés, campeón de la Premier League los dos últimos años, y la presencia de Pep Guardiola en el Bernabéu, escenario de algunos de los momentos estelares de su Barça 2008-13.

Benzema se lleva la mano a la cabeza tras el segundo gol del Manchester City.

Zidane prefirió la energía al control y Guardiola estuvo en la misma idea. Piernas jóvenes para un duelo que exigía presión, constancia y pulmones. Agüero no estaba; Kroos, tampoco. Jugaron Valverde y Vinicius. Gabriel Jesús se ubicó en la izquierda, tirando diagonales que preocuparon a Carvajal y a los aficionados del Real Madrid. Durante todo el partido, pareció más relevante la ausencia del centrocampista alemán que la del delantero argentino, más influyente en los encuentros donde el City empotra a sus rivales en las áreas.

La atención a los detalles fue tan grande que anticipó el desarrollo final del duelo: los goles se produjeron en descuidos. Hasta entonces fue un partido igualado, sin demasiado vuelo, pero lleno de matices tácticos. No abundaron las oportunidades, aunque el City dispuso de más ocasiones, solventadas por Courtois, extraordinario en una parada dificilísima a un tiro cruzado por Mahrez.

El Madrid ofreció su versión más preocupante en el momento más favorable. Comienza a sucederle de nuevo: permitió el empate del Celta en los últimos minutos, el cuarto gol de la Real Sociedad inmediatamente después del gol de Marcelo que empujaba a la remontada y se hundió en el cuarto de hora final contra el Levante.

Lejos de aprovechar el gol de Isco, precedido por una buena jugada de Vinicius, se enredó en el partido que no le convenía. El Madrid necesitaba control y se descontroló. Kroos resultaba en ese momento más importante que nunca. No jugó un minuto. Con el aire ausente que le caracteriza desde hace meses, Bale sustituyó a Vinicius, quizá el mejor del equipo. Guardiola se decidió finalmente por el 4-3-3 que tantos éxitos le ha procurado. De Bruyne se retrasó, Gabriel Jesús se colocó en la punta y Sterling, que regresaba al equipo inglés tras su lesión, ocupó su habitual posición en la izquierda.

Fue un caso donde las decisiones de los técnicos afectan nítidamente al desarrollo de un partido. Guardiola interpretó perfectamente el momento. El City cobró vuelo y Sterling fue decisivo en la crecida. El City no desperdició las concesiones del Madrid, desordenado y chato. Es la Copa de Europa y las flaquezas se pagan. El Madrid sabía aprovecharlas mejor que nadie en el fútbol, pero en los últimos tiempos es víctima de una recurrente inconsistencia.