El Barça de Messi no tira Ligas

El Barça necesitaba buenas noticias y las encontró en el Villamarín, el campo donde perdió la última final de Copa y donde podía haberse dejado esta Liga. Pero al fin las palabras de los jugadores no cayeron en saco roto. En Bilbao anunciaron una mejora que, en cierto modo, se vio en Sevilla. Al Barça le ayudaron varios acontecimientos del partido, especialmente dos. La segunda amarilla de Sergi Roberto y la jugada del 2-2. El gol de Fekir después de una pérdida de Vidal metió al Barça en un agujero negro que hizo pensar en otra noche de pesadilla. Pero Busquets, jugador que se ha implicado con Setién mucho más que en los últimos tiempos de Valverde, hizo un gol providencial. Busquets, de mediocentro o central, Messi con sus tres asistencias y De Jong, con una ‘coast to coast’ memorable en el 1-1 y una confianza que hacía meses no demostraba, resultaron providenciales en el triunfo. Tanto como Lenglet, mucho más entero que Umtiti y goleador, aunque algo tierno en la acción de la expulsión.

El Barça fue más en la segunda parte y se llevó el triunfo. Puede decirse que merecidamente. En este Barça enfermizo hay algo que no se le puede discutir. Su tremendo e histórico espíritu ganador. Ha ganado ocho de las últimas once Ligas. En dos de las otras tres, luchó hasta la última jornada por ganarla (en una hasta dependió de sí mismo). El Barça no quiere transmitir la imagen que, por ejemplo, ha dado el Madrid los dos últimos años, abandonándose. Tal vez no le queden demasiadas cosas, pero en medio de este incendio, el 2-1 parecía ser el escenario perfecto para abandonarse definitivamente. Messi no lo consintió. Su Barça no tira Ligas.