El Espanyol reescribe los clásicos

Ni 'La gran familia' daría jamás con Chencho buscándolo en la voz rasgada de Pepe Isbert, ni el ángel de la guarda de George Bailey le persuadiría de suicidarse en Nochebuena, en 'Qué bello es vivir'. Nada de esto sucedería en los clásicos navideños si el guionista fuera un perico enfurecido por la terrible marcha de su equipo. Acaso sí escribiría ese 'Plácido' de Berlanga y Azcona burlándose del "Siente un pobre a su mesa", que aquí podría ser cualquier aficionado Espanyol que hoy deba lidiar con su cuñado, suegro o sobrinos del otro club ciudadano. Una Navidad, vaya, que ni la de 'El día de la bestia', otro clásico, digamos que distinto.

No son unas Fiestas de película para el Espanyol, aunque sí de diez, por los puntos sumados. Y de cinco, porque un día se extinguirá la especie humana pero la permanencia seguirá a esa distancia. En lo que sí converge el pueblo blanquiazul con las tradiciones navideñas es en buscar refugio, confort en los seres queridos. Y en clave perica esa figura la representa como nadie Raúl Tamudo, convencido de la salvación, y sabe de qué habla. El Espanyol acabaría así la temporada como Jamie de 'Love Actually' declarando su amor a Aurelia: fanfarrias, todo un pueblo detrás y ovación cerrada. Si los milagros navideños existen y la segunda vuelta, esta vez sí, es de cine.